MIÉRCOLES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

JEREMÍAS:

· El profeta sufre una crisis personal, que le hace dudar de su fe y de su fidelidad a su vocación profética. Tantos pleitos y persecuciones, tantas burlas y maldiciones hacia su persona, y tener que anunciar tantas desgracias a su pueblo, le han ido llegando dudas y hasta de amargura. Ha anunciado con valentía ante el pueblo lo que Dios ponía en sus labios, ha adoptado un estilo de vida exigente. Pero todo en medio de la soledad y la incomprensión. Jeremías llega a dudar de Dios, te me has vuelto arroyo engañoso, de aguas inconstantes. Pero Dios no está lejos, le dirige su palabra, una vez más y le anima a seguir lucharán contra ti y no te podrán, porque yo estoy contigo.

· Todos tenemos momentos de dudas y oscuridades, y su el entusiasmo se agota, y uno se cansa de ser bueno y de luchar contra corriente. Es lo que llamamos la noche oscura, pero aunque la vida cristiana no sea fácil, debemos ir al Señor, y Él es nuestro refugio y nuestro auxilio. Pues es el Señor quien siempre está con nosotros y no nos deja en ninguna de las circunstancias de nuestra vida.

SALMO:

“Dios es mi refugio en el peligro”

Es una oración preciosa para rezar en la dificultad, y en la noche oscura, para pedirle al Señor que sea quién nos salve, y quien luche por nosotros en las dificultades, pues sabemos que sólo Él puede ayudarnos en la tribulación, es nuestro Consuelo y nuestra Esperanza.

MATEO:

· Escuchamos hoy de Jesús dos parábolas muy breves, la del que encuentra un tesoro escondido bajo tierra y la del comerciante que, entre las perlas, descubre una particularmente precioso. Los dos venden cuanto tienen, para asegurarse la posesión de lo que sólo ellos saben que vale tanto.

· Es una sabiduría distinta a la del mundo, la de descubrir cuáles son los valores auténticos en esta vida, y cuáles, no, a pesar de que brillen más o parezcan más atrayentes. Hay que descubrir cuáles son los valores del Reino que Dios más aprecia, cuáles sus planes sobre nosotros, los que nos conducen a la verdadera felicidad. A veces, son un tesoro escondido o una perla preciosa.

· El Señor es nuestro Tesoro y nuestra Perla y nada se puede comparar a Él, por eso debemos estar dispuesto a dejarlo todo, y encontrar la alegría de su amor, como podríamos decir lo mejor de mi vida es haberte conocido, y tenerte cada día en vida, acompañándome y merece dejarlo todo por Ti, Señor.

María, que no se nos olvide quién es nuestro verdadero Tesoro y nuestra única Perla por la que merece dar la vida hasta el último suspiro. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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