MIÉRCOLES XV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ISAÍAS:
– Vemos como el Señor obra su salvación a su modo, hoy se sirve Dios de unos extranjeros para purificar y hacer madurar a su pueblo. Y lo que no permite es que los instrumentos que Dios usa se crean independientes y se enorgullezcan. Si nos damos cuenta a lo largo de la historia, vemos cómo van cayendo los poderosos, y los que creían omnipotentes son aniquilados.
– Lo que vemos es cómo Dios saca bien del mal, a través de las vicisitudes de la historia, purifica a su pueblo y le ayuda a recapacitar y a madurar. Y detrás de todo lo que hay es una llamada a fidelidad y a la salvaguarda de los valores humanos y cristianos, que están en la base de todo progreso.

SALMO:
“El Señor no rechaza a su pueblo.”
El Señor no rechaza ni abandona a su pueblo, siempre quiere la salvación lo que sucede es que a veces cuesta ver los designios De Dios en medio de la dificultad. Pero lo que siempre es real es la promesa del Señor de que estará siempre con nosotros hasta el fin del mundo.

MATEO:
– La palabra nos sigue mostrando que Dios elige y se muestra a los pequeños, a los pobres, para que se vea que la obra es suya, y para que estos no se vean excluidos, sino que son los preferidos por el Señor. Las personas sencilla, la de corazón humilde, son las que saben entender los signos de la cercanía De Dios. A Dios no lo descubren los sabios y poderosos, porque están demasiado llenos de sí mismos. Sino los débiles, los que tienen un corazón sin demasiadas complicaciones.
– Por otro lado vemos que la plenitud de la Revelación viene en Cristo, en El se muestra el corazón del Padre y en el conocemos es Dios, en el corazón del Hijo se refleja el corazón del PAdre, por eso debemos entrar en dicho corazón para conocer los misterios De Dios.
– Debemos preguntarnos hoy ¿somos humildes, sencillos, necesitados de la salvación De Dios; o somos retorcidos, sabios y entendidos, autosuficientes?

María, danos un corazón sencillo semejante al tuyo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO