MIÉRCOLES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:

Vemos en la lectura de hoy cómo la gloria del Señor ( = su presencia) se aleja del templo y de su ciudad: castigo del pecado de los habitantes de Jerusalén. Dios abandona el templo y la ciudad, pero porque el pueblo antes le ha abandonado a él. Sin embargo, no es eso lo que creen los habitantes de Jerusalén: ellos son más optimistas.

Creen que ellos no han sido deportados a Babilonia y son los «elegidos», los buenos, ya que Dios no los ha castigado con el exilio. Los exiliados, en cambio, son los pecadores, los culpables.

Pero el pensamiento de Dios es diferente: en primer lugar, aunque Dios ha deportado a muchos judíos a Babilonia, no se ha alejado de ellos, ha continuado viviendo en medio de ellos siendo su Dios, aunque con un culto más interior y que quiere propiciar la conversión.

Y, además, Dios hace ahora la gran promesa de un nuevo y maravilloso éxodo. Un éxodo, sin embargo, muy diverso, pues en este caso Dios mismo les arrancará el corazón de piedra, el corazón dividido entre diversos dioses, y les dará un corazón de carne, con el que sean capaces de eliminar todas las bajezas y abominaciones. Cuando Israel salió de Egipto, camino de la tierra prometida, Dios no les arrancó su corazón pecador.

SALMO:

"La gloria del Señor se eleva sobre el cielo ."

MATEO:

– Dos enseñanzas nos da hoy el Señor, sobre lo importante que es vivir en comunidad, y lo necesaria que es:

1. La Corrección fraterna, es una obra de de misericordia "corregir al que yerra". LA comunidad no es perfecta, pues el bien y el mal, existen en nuestra vida, y no es una comunidad perfecta. Jesús nos señala un método gradual para vivir esta corrección fraterna: el diálogo personal, el diálogo con testigos, y luego, la separación, si es que el pecador se obstina en su fallo. Un padre no siempre tiene que callar, ni el maestro permitirlo todo, ni un amigo desentenderse cuando ve que su amigo va por el mal camino. No es que nos vayamos a meter continuamente en los asuntos de los otros, pero nos debemos sentir corresponsables de su bien. Pero ante todo nos tiene que guiar el amor, la comprensión, la búsqueda del bien del hermano: tender una mano, dirigir una palabra de ánimo, ayudar a rehabilitarse. La corrección fraterna es algo difícil, tanto en la vida familiar como en la eclesial. Pero cuando se hace bien y a tiempo, es una suerte para todos, se gana a un hermano.

2. Donde Dos o Tres hermanos estéis unidos en mi nombre, allí estoy yo. Es importante este sentirse comunidad de oración, pues lo que mejor ponemos hacer los unos por los otros es acompañar en la oración, rezar por el que ha fallado es una de las mejores maneras de ayudarle, y además, no enseña a adoptar el tono justos en nuestra palabra de exhortación, cuando tenga que decirse. Cuidemos mucho la oración pues es mucho más importante de lo que muchas veces pensamos según este mundo.

María, Madre, llévanos a vivir como verdadera comunidad y a preocuparnos y amarnos los unos a los otros. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO