MIÉRCOLES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

DEUTERONOMIO:

– Hoy contemplamos a Moisés que muere habiendo llevado a cabo la misión que el Señor le había encomendado. Pero Moisés no lleva a la tierra prometida, Dios le concede verla pero no entrará en ella, sino que entrará su descendencia. Tal vez no se nos permitirá ver a nosotros como a Moisés los frutos de nuestro esfuerzo; él no vio la tierra hacia la que había guiado al pueblo durante cuarenta años de esfuerzos y sufrimientos. Pero no se nos va a examinar por los éxitos y los frutos a corto plazo, sino por el amor y la entrega que hayamos puesto al colaborar en la obra salvadora De Dios.

– Por otro lado no existe un profeta como Moisés. Se recuerda sus signos y prodigios, su obra portentosa, su mano poderosa, y sobre todo por su confianza en Dios. Ojalá sus pudiera resumir nuestra vida, y la misión que realizamos, cada cual en su ambiente, con las misma alabanzas que la de Moisés.

– Por otro lado Dios no deja al pueblo huérfano, sino que Moisés impone sus manos a Josué para que sea un hombre lleno de espíritu de Sabiduría que guíe al pueblo.

SALMO:

"Bendito sea Dios, que me ha devuelto la vida."

Que bueno es conocer las obras del Señor, y sobre todo no tener miedo a conocerlas, sino ir al Señor para ver lo que ha hecho con los demás, y que esas obras también son las que Dios ha hecho con nosotros. Recordemos hoy la historia de Salvación que Dios ha hecho con su pueblo Israel, pero también con cada uno de nosotros.

MATEO:

– Dos enseñanzas nos da hoy el Señor, sobre lo importante que es vivir en comunidad, y lo necesaria que es:

1. La Corrección fraterna, es una obra de de misericordia "corregir al que yerra". LA comunidad no es perfecta, pues el bien y el mal, existen en nuestra vida, y no es una comunidad perfecta. Jesús nos señala un método gradual para vivir esta corrección fraterna: el diálogo personal, el diálogo con testigos, y luego, la separación, si es que el pecador se obstina en su fallo. Un padre no siempre tiene que callar, ni el maestro permitirlo todo, ni un amigo desentenderse cuando ve que su amigo va por el mal camino. No es que nos vayamos a meter continuamente en los asuntos de los otros, pero nos debemos sentir corresponsables de su bien. Pero ante todo nos tiene que guiar el amor, la comprensión, la búsqueda del bien del hermano: tender una mano, dirigir una palabra de ánimo, ayudar a rehabilitarse. La corrección fraterna es algo difícil, tanto en la vida familiar como en la eclesial. Pero cuando se hace bien y a tiempo, es una suerte para todos, se gana a un hermano.

2. Donde Dos o Tres hermanos estéis unidos en mi nombre, allí estoy yo. Es importante este sentirse comunidad de oración, pues lo que mejor ponemos hacer los unos por los otros es acompañar en la oración, rezar por el que ha fallado es una de las mejores maneras de ayudarle, y además, no enseña a adoptar el tono justos en nuestra palabra de exhortación, cuando tenga que decirse. Cuidemos mucho la oración pues es mucho más importante de lo que muchas veces pensamos según este mundo.

María, Madre, llévanos a vivir como verdadera comunidad y a preocuparnos y amarnos los unos a los otros. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO