MIÉRCOLES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

2 CORINTIOS:

– San PAblo nos invita a dar con alegría, y que si apostamos mucho, podremos recibir mucho. Esto lo dice para motivar a la colecta para la comunidad de Jerusalén, y sobre todo para que sean generosos en su donación. Para ello pone el ejemplo del campo, de la cosecha que depende también de lo generosa que haya sido la siembra. Después se refiere a Dios que nos ha colmado de toda clase de favores, y que es lógico que nosotros en agradecimiento seamos generoso con quien Dios quiera, que es ser generoso con el prójimo.

– Pero no se trata sólo de dar, sino de dar con buena cara, con el poder de la amabilidad, no es dar a disgusto ni por compromiso, sino de buena gana porque así recibiremos el amor De Dios.

– No se trata sólo de dar limosna, sino también de mostrar amabilidad con las personas que conviven con nosotros, y ayudarles en todos los aspectos de su vida, es donar nuestro tiempo, que es nuestra vida, es entregarnos a nosotros mismos. De este modo si nos entregamos en el Amor de Jesús, seremos luz para un mundo que camina entre tinieblas, y esta luz será mostrada por cada gesto de amor amable que vivamos con y por el prójimo.

SALMO:

“Dichoso quien teme al Señor.”

Si vivimos amando al Señor, si nos entregamos en cuerpo y alma a los más necesitados, y si hacemos limosna de corazón, el Señor nos colma de riquezas y abundancia, su Amor nos llena y nos ilumina con su misericordia.

MATEO:

– Jesús nos exigen autenticidad, no practicar el bien delante de los hombres para ser vistos por ellos, sino por la recompensa que nos viene De Dios. Son las tres direcciones de la vida las que nos invita a vivir en su Corazón el Señor: en relación con Dios la oración; en relación con los demás, la caridad, y en relación a nosotros mismos, el ayuno.

– La LIMOSNA: que no la debemos hacer para que todos se enteren, sino que Dios nos ve y nos premiará. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”.

– La ORACIÓN: no es para que todos se den cuenta de lo piadoso que somos, sino para tener un encuentro con Dios. “entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre que ve en lo escondido”.

– El AYUNO: no buscamos el aplauso y la admiración de los demás, sino que lo hacemos por amor a Dios. “Perfúmate la cabeza y lávate la cara.”

– No se trata de no hacer limosna ni oración ni ayuno, sino de no buscar en todo ello, las paciencia y la ostentación. No buscando por hipocresía el aplauso de los demás, sino tratando de agradar a Dios con sencillez y humildad, lo tendremos todo. Lo que cuenta en nuestra vida es, lo que piensa Dios, que nos ve por dentro.

María, llévanos a vivir en la verdadera limosna, ayuno y oración, para que nos lleve a tener el mismo corazón de tu Hijo Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO