MIÉRCOLES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

2 REYES:
– Hoy vemos como Eliseo es el suceso legítimo de Elías, con un seria de gestos simbólicos, queda consagrado así Eliseo como profeta De Dios. Lo que pide Eliseo es dos tercios de su espíritu, que es la porción que le toca al primogénito, el doble que a los demás hijos. Pero Elías o se lo concede, sino que lo era a decisión De Dios, que es quien da el carisma de profecía a cada uno, y Dios quiere y transmite el carisma profética de Elías a Eliseo.
– Nosotros debemos pedir al Señor este carisma profético para el mundo de hoy y también pedir el legado de aquellos hombres y mujeres De Dios que nos preceden en la fe, y que nos encaminan en las cosas De Dios.

SALMO:
“Sed valientes de corazón los que esperáis en el Señor.”
Debemos guardarnos en el Señor, y vivir siendo leales y fieles a las acciones del Señor, que no nos deja y no nos desampara.

MATEO:
– Tú Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. Dios todos lo mira, incluso lo que hacemos en secreto, en lo escondido Pero mira no como quien realiza una investigación, mira como padre. Ya bajo esta mirada nos sentimos conocidos y amados. Adán quiso huir de esta mirada y se escondió detrás de los arbustos, olvidando que quien hizo la tierra y el cielo lo conocía también por dentro. Mirada de ternura y no de ira, mirada de amor y de contento. Pidamos al Señor que mira, que permanezca y cuide nuestro lecho.
– Jesús exige hoy autenticidad, que no practiquemos el bien delante de los hombres para ser vistos por ellos, sino por la recompensa que nos viene De Dios. Y esto en tres direcciones que abarcan toda nuestra vida, en relación con Dios con la la oración, en relación con los demás, en la caridad y limosa, y en relación a nosotros mismos con el ayuno. Cuando hacemos limosna, no lo debemos hacer para que todos se enteren, Dios nos ve y nos premiará. Cuando rezamos, no es para que todos se den cuenta de lo piadosos que somos, sino para tener un encuentro con Dios. Cuando ayunamos, no buscamos el aplauso y la admiración de los demás, sino que lo hacemos por amor a Dios.
– No se trata de no hacer limosna ni oración comunitaria ni ayuno, sino de no buscar, en todo ello, las apariencias y la ostentación. no buscando por hipocresía el aplauso de los demás, sino tratando de agradas a Dios con sencillez y humildad. Lo que cuenta en nuestra vida es lo que piensa Dios, que nos ve por dentro, y no lo que piensan los demás.

María Madre enséñanos a buscar agradar a Dios en todo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO