MIÉRCOLES VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 PEDRO:
– San Pedro habla de que el Señor Jesús ha rescatado a los bautizados de su antigua vida y han vuelto a nacer De Dios. Pero ser rescatados significa que alguien ha pagado el precio, la fianza por su liberación. Es Cristo quien nos libera, y no con una paga de dinero, sino con su propia sangre. Pues hay que corresponder a tanto amor De Dios, y hay que vivirlo amando a los demás de corazón.
– Hemos sido rescatados por la sangre de Cristo, debemos valer mucho, cada uno de nosotros, a los ojos De Dios, porque ha pagado un precio muy alto por nosotros. Esto nos debe llevar a una verdadera y profunda confianza en Dios.

SALMO:
"Glorifica al Señor, Jerusalén."
Dios es el liberador de Israel, el que viene a fijarse en el pobre y en el afligido y a traer su salvación. Que bueno es Dios que se fija en el que más lo necesita y le regala su amor infinito.

MARCOS:
– Los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos. Se dirigen a Jerusalén, pero ¡qué distintas son sus intenciones! Unos pretenden subir de categoría y, sentados en un trono, quedar por encima de los demás; otro sube para despejarse de su rango y, en la cruz, ponerse al servicio de los hombres.
– Jesús les anuncia por tercera vez su muerte, y los discípulos no parecen querer enterarse ni entender nada, pues la cerrazón se apodera de la mente y del corazón de los apóstoles. Jesús anuncia a Santiago y a Juan que deben asumir su propia muerte, en lugar de pedir honores y primeros puestos. Lo hace Jesús con las comparaciones de la copa y del bautismo. Beber la copa es sinónimo de la amargura, la renuncia y el sacrificio. Pasar por el bautismo es sumergirse en el juicio De Dios, dejarse purificar y dar comienzo a una nueva existencia.
– Los otros diez discípulos se llenan de indignación, no porque creyeran que la petición era incorrecta, sino porque todos pensaban lo mismos y esos dos se les habían adelantado. Y Jesús anuncia que el verdadero camino es el del servicio y dar la vida por todos. Los cristianos tenemos que entender la autoridad como servicio y entrega por los demás. Tendríamos que imitar a Jesús, que estaba en medio de los suyos como quien sirve. Un cristiano se entiende que tiene que asumir a Cristo con todas las consecuencias, que cargue cada día con su cruz y seguirle. Ser cristiano es seguir el camino de Cristo e ir teniendo los mismos sentimiento de Cristo, colaborar con Cristo en la salvación del mundo.

María, Madre llévanos a un verdadero servicio y entrega de la vida, y a un olvido de nosotros mismos. Amén.

un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO