MIÉRCOLES VI TIEMPO ORDINARIO

GÉNESIS:

– Destaquemos hoy como la familia de Noé ofrece un sacrificio de acción de gracias sobre un altar y cómo Dios hace una promesa llena de comprensión hacia la debilidad del hombre: no destruir más la tierra porque el hombre cae desde su juventud.

– El arca de Noé es signo de la Misericordia De Dios, que en justicia condena el pecado y purifica a la humanidad, pero siempre aparece dispuesto a empezar de nuevo, dando confianza a sus criaturas, siempre hay un resquicio para la salvación, Dios siempre abre puertas, da luz al hombre. Dios siempre intenta que los hombres se conviertan y vivan.

– Después del pecado de Adán y Eva, Dios promete la salvación. Después del asesinato de Abel, Dios da otro hijo a Eva y deja la puerta abierta a la esperanza. Después del diluvio, sella un pacto de bendición para los hombres. ¿Es así de acogedor y misericordioso nuestro corazón para con el mal que descubrimos en los demás? Dios sigue creyendo en el hombre, en su conversión, nosotros también deberíamos esperar en Dios para que los hombres se conviertan.

SALMO:

“Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.”

Rezamos una parte de un himno de acción de gracias a Dios, no tanto sólo reconociendo las grandezas De Dios, sino buscando cómo corresponder a tanto amor como Dios nos tiene. El hombre que trata con Dios sabe que Él no quiere nada malo con sus fieles, sino que quiere que vivan en el bien y en el amor; por eso la forma de dar gracias a Dios no es con la boca sólo, sino también con el corazón y con la vida.

MARCOS:

– El Señor vuelve a realizar un milagro, hoy lo hace distinto a otros, pues otros ha curado a distancia, incluso inmediatamente, hoy quiere hacerlo de modo gradual. Con esto debemos aprender que lo más importante es dejar el corazón abierto a Dios, para que el haga en nuestra vida lo que el quiera, y no le condiciones a que haga las cosas según nuestras miras humanas.

– Por otro lado al ser una curación gradual, también reconocemos que nuestra curación, nuestra conversión también lo es. Cristo tuvo paciencia con todos, obra siempre en el hombre poco a poco. Dios no hace las cosas de prisa y corriendo, Él se da todo el tiempo del mundo, no sólo para curarnos físicamente, sino sobre todo para llevar a cabo la conversión de nuestra vida y una sanación integral, por dentro y por

fuera.

María, llévanos a tener un corazón abierto para que Jesús haga su obra en nosotros. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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