MIÉRCOLES TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

2 SAMUEL:
– David quiere construir un Templo para el Señor, pero en los planes del Señor no está que se lo construya él. Y aparece el profeta Natán que muestra en un canto magnífico cuáles son los planes De Dios para con David y sobre el futuro pueblo de Israel. Es un canto en que se valora, no lo que David ha hecho para con Dios, sino lo que Dios ha hecho para con David. Lo más importante es que el Mesías tiene que venir de la casa de David, y de este modo Dios organizará la descendencia como signo de sus planes de salvación.
– PAra nosotros saber que de la casa de David brotará El Salvador del pueblo, el Mesías, Jesús, es lo esencial, porque así vemos que Cristo se nos manifestará como el verdadero Templo del encuentro con Dios. Tenemos así un Dios que siempre tiene la iniciativa y que es capaz de hacer su obra por nuestro medio, escribiendo derecho con los renglones torcidos de nuestra vida. Es Dios quien está cerca con nosotros y hace un plan de salvación con nuestra vida.

SALMO:
"Le mantendré eternamente mi favor"
Dios sigue corroborando la primera lectura, mostrando la dinastía de David, y como sella la alianza con este pueblo, y su trono será duradero porque Dios está con Él. Esto lo debemos vivir nosotros, saber que somos De Dios y Él siempre está con nosotros.

MARCOS:
– Empezamos a leer las parábolas de Jesús, y en ella vemos las características del Reino que Jesús nos predica, que es Él mismo.
– Hoy escuchamos la parábola del sembrador, y aquí descubrimos las dificultades para acoger la Palabra: el pueblo superficial, los adversarios ciegos, los demasiados preocupados de las cosas materiales. Pero también se ve el lado positivo: a pesar de todas las dificultades, la Palabra De Dios ,su Reino, logra dar fruto y a veces muy abundante.
– Debemos preguntarnos nosotros, qué tanto por ciento de fruto produce en nosotros la gracia que Dios nos comunica, la semilla de su Reino, sus sacramentos y en concreto la Palabra que escuchamos en la Eucaristía. ¿Qué es lo que impide a la Palabra De Dios producir todo su fruto en nosotros, preocupaciones, superficialidad, tentaciones, miedos… A veces la culpa puede ser de fuera, con piedras y espinas. A veces de nosotros mismos, somos mala tierra y no abrimos del todo nuestro corazón a la Palabra De Dios.
– No tenemos que perder la esperanza y la confianza en Dios, es Él quien hace fructificar el Reino. Pongamos nuestra vida en sus manos, y que Él pueda actuar.

María, cuida nuestra tierra para que acojamos del todo la Palabra de tu Hijo. Amén

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO