MIÉRCOLES SEGUNDA SEMANA TIEMPO ORDINARIO

1 SAMUEL:
– “Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina. En cambio, yo voy contra ti en nombre del Señor del universo, Dios de los escuadrones de Israel al que has insultado. El Señor te va a entregar hoy en mis manos…” Esta es la clave de la lectura del día de hoy, ir a la batalla revestidos del Señor, con su fuerza y no con la nuestra. Esta es la clave para nuestra vida cristiana, saber que no vamos solos, sino que es el Señor el que viene con nosotros y el que nos guía y da fuerza, y que sólo en Él podemos vencer a nuestros enemigos, sobre todo a los enemigos del alma, al mundo, al demonio y a la carne, sin el Señor es imposible seguir caminando, y nos dejaremos vencer por las tentaciones.
– Dios se sirve a veces explícitamente de lo más débil para conseguir sus planes, y así se ve que no son nuestras fuerzas las que salvan al mundo, sino la misericordia gratuita De Dios. Tendemos a confiar en la técnica, en nuestra habilidades y en los medios materiales; pero la eficacia en todas nuestra empresas nos la da Dios, sin el Señor no podemos hacer nada. ¡Cuántas veces los más débiles y humildes, confiados en Dios, han conseguido lo que los fuertes no han podido! También en la lucha contra le mal debemos confiar más en el Señor que en nuestras fuerzas.

SALMO:
“¡Bendito el Señor, mi alcázar!”
Es un cántico de confianza en el poder del Señor en medio de la batalla, es el Señor la Roca firme en la que confiar para poder salir victoriosos.

MARCOS:
– Jesús hoy se indigna y se pone triste, porque las personas de su tiempo, encerradas en su interpretación estricta y exagerada de una ley, les hace quedarse sin hacer nada y no ayudar al que lo necesita, con la excusa que no se puede hacer en sábado, ¿puede querer esto Dios? Detrás de cada ley hay un intención que debe respirar amor y respeto al hombre concreto. Teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia. Le ley suprema De la Iglesia de Cristo son las personas, la salvación de las personas, el Amor de Cristo por cada hombre.
– También podemos pararnos hoy en el Evangelio para ver que cosas nos paralizan, y no nos dejan los demás, el ambiente, acercarnos para presentarlas a Jesús para que las cure. Pidamos al Señor la valentía para ir a Él y la sabiduría para descubrir lo que nos tiene que curar.

María, Madre llévanos a vivir la Ley del Amor del Señor, que es la gloria De Dios, la salvación propia y de los demás, y el Servicio a los hermanos. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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