MIÉRCOLES III SEMANA DE PASCUA

HECHOS:
– Ante la persecución fuerte que hay contra la primera iglesia, la reacción de la comunidad es impresionante, pues en lugar de disuadirse y desaparecer, se hace una comunidad más misionera y la fe en Cristo se empezó a extender por todo el mundo muy poco a poco, pero con testigos valientes del Evangelio. Uno de los signos de que estaban anunciando el Evangelio con mucho fruto es que los lugares enteros se llenaban de verdadera alegría.
– Ante las dificultades a lo largo de la historia De la Iglesia, vemos como el Espíritu del Señor ha ido conduciendo a la Iglesia de modo que nunca faltara el anuncio del a Buena Noticia y la vida de sus comunidades como testimonio ante el mundo. También hoy el Espíritu Santo se derrama sobre nosotros, su Iglesia, para que anunciemos su Amor en el mundo, que nos fiemos del Espíritu Santo para que pueda obrar en nosotros. Dejemos obrar al Señor que el sabe escribir recto con renglones torcidos.

SALMO.
"Aclamad al Señor, tierra entera"
El salmo nos invita a confiar en el Señor, a tener el Temor De Dios como algo que marque nuestra vida, y así confiando en Él, veremos que es su poder el que hace posibles las cosas y no nuestras fuerzas. Todo debe postrarse delante De Dios que es el Señor y Dueño de todo lo creado.

JUAN:
– Yo soy el pan de vida, es una invitación a tener fe en Jesús, por eso une esta afirmación a el que viene a mí, el que cree en mí. Se trata de creer en el enviado De Dios, Jesús es el Pan que calma a la humanidad hambrienta. Dios envía a su Hijo como el verdadero Pan que le saciará, como también se lo envía como La Luz, para que ilumine, o como Pastor para que apaciente.
– Tenemos que ver a Jesús, ir a Jesús, y comer de Jesús, pero para poder comer a Jesús en la Eucaristía, primero tenemos que creer en Él, para que dejemos obrar en nuestra alma.
– Dice el Magnificat: "He bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluta del que me ha enviado" En una ocasión Jesús dijo que su alimento era hacer la voluntad del Padre. El que ha bajado del cielo, para satisfacer su hambre, necesita hacer la voluntad del Padre que lo ha enviado. Con ello, el Hijo no enseña que la obediencia no es algo de lo que podamos prescindir, sino el miedo para mantenernos vivos en esta tierra y esperar con cierta la vida eterna.

María, Madre llévanos a vivir siempre de cara a la voluntad De Dios. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES III SEMANA DE PASCUA