MIÉRCOLES II SEMANA DE CUARESMA

JEREMÍAS:
– Vemos en la lectura como estorban siempre los verdadero profetas, lo que dicen, no lo que halaga los oídos de sus oyentes, sino lo que les parece en conciencia que es la voluntad De Dios. Que grande es tener personas que viven esta profecías, que reclama más vivir según Dios y no según los hombres. En esta cuaresma nos viene genial, y nos llama a una verdadera conversión, no según nuestras prácticas cuaresmales, sino según el corazón De Dios.
– Al profeta le cuesta la persecución y clama a Dios para que le ayude, para que le saque de las dificultades. Le cuesta porque es el inocente que padece por culpa de los culpables, es el ejemplo de dar la vida sin mirar la recompensa en la tierra, sino en el cielo.

SALMO:
“Sálvame, Señor, por tu misericordia”.
El Salmo es un canto pidiendo auxilio a Dios, para que los enemigos que le persiguen, y las tentaciones con sus pecados, no puedan con el hombre, que en verdad quiere ser fiel a Dios, y vivir a cada instante en sus manos.

MATEO:
– Jesús sube a Jerusalén, va a cumplir su misión, aunque sea tan costosa y difícil. Jesús carga con la Cruz, a esto ha venido, a dar la vida por la salvación del mundo. Este es el camino de la salvación, el camino De la Cruz, es muriendo como da vida Jesús.
– Pero en cambio los criterios de los apóstoles eran exactamente los criterios contrarios a Jesús, y más conforme a los de este mundo: el poder, el prestigio, el éxito humano,… pero por nada del mundo pasaba por ellos el camino De la Cruz, la entrega de sí mismos, ser servidores de los demás, siendo los últimos.
– Elijamos a Cristo que se entrega totalmente por amor, que nos enseña a no buscar los primeros puestos, sino a ser servidores de los demás, cosa que puede parecer ridícula en este mundo, e incluso aunque nos tomen por ignorantes.

“El que quiera ser el primero entre vosotros que sea vuestro esclavo. No hay palabra en el evangelio que el Señor no haya vivido primero. No puede ser de otra manera, puesto que él es la misma palabra De Dios hecha carne. El primero que se convierte en esclavo para nosotros es él: desde la cruz y en su descenso a los infiernos, él ha querido ocupar el último lugar de todos, ha querido ser el más olvidado, aquel cuya muerte ha hecho el servicio más grande al hombre: su salvación definitiva” (comentario del Magnificat).

María, llévanos a vivir en la Cruz de tu Hijo Jesús, sin miedo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES II SEMANA DE CUARESMA