MIÉRCOLES DESPUÉS DEL DOMINGO DE LA EPIFANÍA

1 JUAN:
– Conocemos el amor De Dios, creemos en Jesús y así llegamos a la comunión de vida con Él, que es la metes de toda la carta de san Juan: conocer el amor De Dios y creer en Él; confesar que Jesús es el Hijo De Dios, y así permanecer en Dios.
– Lo que está claro es que el amor hace que en nuestra vida ya no exista el temor o la desconfianza. Si vivimos en el amor que nos comunica Dios, ya no tendremos miedo el día del juicio, ya que es nuestro PAdre y hemos nacido de Él, y actuaremos en nuestra vida como hijos, que no se mueven por miedo sino por amor.
– Y siempre en las cartas de san Juan se saca una conclusión lógica, que es que si Dios nos amó hasta entregarse por nosotros, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros y entregar la vida.
– Por lo tanto esta carta nos anima a vivir en el amor; si asimiláramos un poco más el amor De Dios, nuestra relación con el prójimo estará impregnada de una actitud de comprensión, de entrega. El motivo de nuestro amor no sería el gusto que encontramos al amar, sino como respuesta al amor que a todos nos ha regalado gratuitamente Dios.

SALMO:
“Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.”

MARCOS:
– Después del milagro de los panes, Jesús ofrece otra manifestación de su misión calmando la tempestad. Los discípulos van de sorpresa en sorpresa. No acaban de entender lo que pasó con los panes, y en seguida son testigos de cómo Jesús camina sobre las aguas, sube a su barca y domina las fuerzas cósmicas haciendo amainar el recio viento del lago.
– Nosotros también pasamos a veces por el miedo que experimentaron aquella noche los discípulos. A nuestra barca, y a la De la Iglesia, a veces le vienen fuertes vientos en contra, y tenemos miedo de zozobrar. Como para aquellos apóstoles, La Paz y la serenidad nos vendrán de que admitamos a Jesús junto a nosotros, en la barca. Y nos dirá, “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”.
– La invitación a permanecer en el amor, y la seguridad de que Cristo Jesús es el que vence a los vientos más contrarios, nos deben dar las claves para que nuestra vida esté más impregnada de la confianza y la alegría De Dios.

María, Madre, que confiemos en tu Hijo Jesús que calma las tempestades de nuestras vidas. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES DESPUÉS DEL DOMINGO DE LA EPIFANÍA

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