MIÉRCOLES DE LA XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

COLOSENSES:
– Buscar los bienes de arriba no los de la tierra. Que fácil es decir esto, pero que difícil es no estar afanado de los bienes de la tierra, que incluso en mucho momentos pueden parecer muy buenos y necesarios. Que difícil es llevar esa vida escondida en Dios a la que invita San Pablo, a nosotros que nos gusta aparecer y ser importantes según nos enseña este mundo y se nos pega tanto el polvo del camino.
– Pero debemo poder en el poder de la muerte y resurrección de Cristo, en el poder de su acción en nosotros, y de la obra del Espíritu Santo, pera dar muerte a todo lo terreno, y ya no vivir para este mundo, sino vivir para Dios. San Pablo nos da una lista de cosas a abandonar: fornicación, impureza, pasión codicia, avaricia, ira, coraje, maldad, calumnias, groserías, no mentir… Que importante es tener claro lo que hay que evitar para que el hombre viejo pueda morir y viva el hombre nuevo Cristo Jesús, y Él sea el que ocupe todo en nuestro corazón.

SALMO:
«El Señor es bueno con todos».
El salmo nos invita a recordar las obras grandes del Señor y como está por encima de todo pecado y libra al pueblo de toda esclavitud. Así debemos confiar nosotros en Dios que hace obras admirables para nosotros y nos lleva a vivir la verdadera vida de hijos. Por lo tanto alabémosle y démosle gracias por su obra de misericordia con nosotros.

LUCAS:
– Cuatro bienaventuranzas nos muestra San Lucas: los pobres, los que tienen hambre, los que lloran y los que son odiados y perseguidos. Son bienaventurados por vivir una vida de unión profunda con Dios y esa es la vida del hombre nuevo, la vida de los hijos. Y las promesas de estas bienaventuranza son grandiosas: el reino De Dios, quedar saciados, reír, vuestra recompensa será grande en el cielo. No son recompensas de este mondo, sino recompensar eternas por un sufrimiento pasajero en esta tierra. Debemos cada uno de nosotros preguntarnos: ¿merece la pena apostar por Cristo y sus cosas, mas que por mí, las mías y las de este mundo?
– También muestra cuatro maldiciones, que son del hombre viejo que sigue tirando de nosotros y que debemos tener mucho en cuenta para no dejarnos llevar por ellas: Ay de vosotros los ricos, los que estáis saciados, los que ahora reís, si hablan bien de vosotros todos. Con las recompensas que traen en sí: ya tenéis vuestro consuelo, tendréis hambre, lloraréis… Promesas para este mundo, que no claman eternidad, porque no buscan a Dios sino las cosas de este mundo.

María, Madre llévanos a vivir para Jesús el hombre nuevo, y a morir al Mundo, al Demonio y a la Carne que claman al hombre viejo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES DE LA XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO