MIÉRCOLES CUARTA SEMANA TIEMPO ORDINARIO

2 SAMUEL:
– En esta época era una falta grave hacer un censo de una nación, se interpreta como pecado y lo señala como culpable de una epidemia de peste que asoló al pueblo de Israel. Era pecado porque era un signo de orgullo, de independencia con respecto a Dios, que es el verdadero Rey, o como excesiva confianza en los medios humanos. Para nosotros también es una lección, pues ponemos muchas veces nuestras expectativas más en las miras humanas que en Dios.
– David se da cuenta y pide perdón a Dios, asume toda la culpa y pide a Dios que le castigue a él. Que cambio de corazón hay en David, que reconoce delante del Señor que es un pecador y que ha medido según su corazón y no según Dios.
– Este pecado de autosuficiencia, de orgullo, de confianza excesiva en medios humanos, económicos, organizativos…, nos ataca cada día, y el gran problema es que nos dejamos embaucar por él. Contamos demasiado con nuestros criterios y no contamos con el Espíritu Santo, de este modo vemos que estamos adornados por nuestro propios dones y estos no llegan, y nos cansamos, y nos desanimamos, y la desesperanza nos puede y nos lleva el corazón. No son las fuerzas humanas las que dan eficacia a nuestro trabajo, esto lo hemos experimentado, sino Dios. Pues a poner toda nuestra confianza en quien sostiene nuestra vida.

SALMO:
"Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado"
El salmo continúa perfectamente la idea de la primera lectura, reconocer nuestro pecado de autosuficiencia y de búsqueda de uno mismo, y volver a Dios que es nuestro refugio y nuestra fuerza, que nos libra del peligro y nos hace vivir de modo nuevo.

MARCOS:
– Vemos como reaccionan los discípulos, los más allegados y cercanos ante las obras y palabras de Jesús. Y vemos que entre ellos no tiene Jesús demasiado éxito. Se admiran de sus palabras y no dejan de hablar de sus milagros, pero no dan el salto a creer en Él, sino que es el hijo del carpintería, el hijo de María, no dan el paso a la fe. De este modo vemos que Jesús vino a los suyos y los suyos, los más cercanos no le recibieron. No quieren abrir su corazón, y no se dejan llenar por su misericordia, y de este modo la gracia no puede obrar en ellos.
– Hoy nosotros somos los de su casa, los más cercanos del Señor. Y esto puede llevarnos a acomodarnos al Señor, a vivir una excesiva familiaridad y rutina, que nos hacen perder la tensión de amor con el Señor, y le impiden hacer su obra en nosotros, porque no reconocemos su voz en tantos signos cotidianos de su presencia.
El gran problema que tenemos, es que buscamos mil excusas para no dejarle entrar en nuestra vida del todo, pero lo que hay que hacer es aceptarle a Él y a su mensaje, aunque sea exigente e incómodo, aunque nos implique un cambio de mentalidad. Si le acogemos con el enviado del Señor, como Dios, entonces tenemos que acoger la vida de Jesús, a su Espíritu Santo y que Él se haga vida en nosotros.

María, ayúdanos a acoger siempre a tu Hijo Jesús, y que Él pueda hacer totalmente su obra en nosotros. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MIÉRCOLES CUARTA SEMANA TIEMPO ORDINARIO