MARTES XXXIII TIEMPO ORDINARIO

APOCALIPSIS:

– Tienes nombre como quién vive pero estar muerto. Reanima lo que te queda, sé vigilante: que importante es renovar día tras día la unión con el Señor, para que no se apague la llama del amor, y nos acostumbremos rutinariamente al Amor de Dios.

– La queja de Dios es porque no somos ni fríos, ni calientes, sino que somos tibios, no nos acercamos al Señor y nos dejamos consumir por su Amor. El Señor nos ama y por eso nos llama a la conversión.

– Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo: tenemos nosotros la llave de nuestro corazón, de nuestra vida, para dejar entrar al Señor en nuestra casa, tenemos la llave para dejarnos llenar por su Amor, de nosotros depende, Él está regalando su Amor, de mi depende si lo recibo en mi casa.

– Examinemonos, la actitud que Jesús más regañaba a los fariseos, es el ser apariencias brillantes que no tenían nada sustancioso. Miremos que hay dentro de nuestro corazón y como nos acercamos a Jesús.

SALMO:

“Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono”

El Salmo nos da unas cuantas pautas de actuación, para saber cuál es el camino que agrada a Dios, y nos lleva a su presencia.

LUCAS:

+ Zaqueo desea ver a Jesús y hace lo imposible, es el deseo de su corazón. Lo que no espera que suceda Zaqueo es lo que acontece; Jesús se fija en Él y se autoinvita a su casa. Esto le cambia el corazón a Zaqueo que no duda en cambiar de vida y vivir según el corazón de Jesús.

+ Jesús con su forma de actuar delicada, tierna y llena de prudencia y misericordia, devuelva la plaza una persona de vida complicada, y hace que descubra el Amor que el Padre le tiene .

+ Revisemos también la actitud de Jesús de apostar por todos, de dar un margen de confianza a todos, y preguntémonos como es nuestra acogida. Si Jesús, nuestro Maestro, vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido, ¿quiénes somos nosotros para desesperar de nadie?

María Madre ayúdanos a ver a Jesús y a cambiar el corazón, para ser totalmente de Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote. +++

MARTES XXXIII TIEMPO ORDINARIO