MARTES XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

ROMANOS:

– Si por un hombre entro el pecado en el mundo, por uno entra la salvación. Es el Señor quien ha traído la salvación por medio de su obediencia al Padre, repara, restaura y renueva al hombre que había sido desobediente por su pecado, y le hace vivir en su Amor para siempre.

– De este modo vemos que el evangelio es fuerza de salvación De Dios. Así nos lo muestra San Pablo, que habla mucho del pecado, pero nunca dejándose llevar por el pesimismo, sino que siempre, para compararlo con la gracia De Dios, que lo supera con creces, por eso hoy la antítesis de Adán y Cristo; de pecado con benevolencia De Dios, de muerte y vida; de desobediencia y obediencia; de condena y salvación…

– Hoy es un día para preguntarnos, ¿qué aspecto triunfa más en mi vida: el pecado o la gracia; el hombre viejo o el nuevo; la desobediencia o la obediencia; la muerte o la vida; Adán o Cristo?

– No tenemos que perder nuestra confianza en Dios, pues siempre sobreabunda más la gracia y el amor De Dios. Por muchos fracasaos que tengamos que contar, son más los signos de que Dios nos ama.

SALMO:

“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

El salmo destaca la actitud de obediencia a Dios. Y es una invitación muy unidos a Cristo, de vivir obedeciendo gozosamente a Dios, dejar nuestro propios caminos y elegir el camino del Señor, que es el de la entrega y el servicio, pro Amor, y que de verdad nos hace libres y felices.

LUCAS:

– Hoy nos dice el Magnificat (librito de oración): “Bienaventurados aquellos criados” ¿De qué manera podemos mantenernos vigilantes? A través de la apertura de corazón a la voluntad De Dios, de la disponibilidad de nuestra alma a las indicaciones De Dios en nuestra vida. A través de la escucha atenta de la palabra, de la recepción de los sacramentos, de la práctica de la oración personal, disponemos nuestro corazón para orientarnos a Dios. Que resumen más práctico de la vida cristiana según el evangelio de hoy, no podía no poderlo.

– La Vigilancia, la actitud de espera activa y despierta que él pide a los suyos, es el objeto del Evangelio de hoy. Vigilancia tanto para le momento de nuestra propia muerte, como para la venida cotidiana del Señor a nuestra vidas, en su palabra, en los sacramentos, en los acontecimientos, en las personas. Si estamos despiertos, podemos aprovechar su presencia. Si estamos adormilados, ni nos daremos cuenta.

– “Tened ceñida la cintura”: postura de los judías al emprender el viaje del éxodo. Postura del que está disponible para emprender algo, sin aletargarse ni quedar instalado, con ánimo conformista, en lo que ya tiene.

– “Y encendidas las lámparas”, con el aceite de la fe, la esperanza y la Caridad.

María, intercede por nosotros y concédenos un corazón Vigilante. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO