MARTES XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

COLOSENSES:
– Lo más importante de nuestra vida cristiana, es vivir arraigados y edificados en Cristo, esto es que Él sea nuestro centro, y sobre el que sostenemos nuestra vida, de modo que ya no sostenemos nuestra vida sobre nuestros pensamientos, sino sobre la Roca firme que es Cristo. Por eso antes de actuar podríamos poner un criterio muy sencillo en la vida: ¿qué haría Jesús en esta situación? E intentar vivir más cómo Él y por Él, más que en nosotros mismos.
– Además hay que tener cuidado porque el demonio siempre va suscitando falsas doctrinas, y malos pensamientos, que nos enredan y no nos dejan vivir para Dios. Estos pensamientos nos van confundiendo y al final acabamos haciendo lo que no queremos y de este modo no vivimos en Dios, sino en los líos del demonio.
– Debemos crecer en la fe y vivir coherentemente nuestra incorporación a Cristo. Los cristianos, por el bautismo, fuimos injertado a Cristo en su muerte y resurrección, estábamos muertos y ahora vivimos, éramos pecadores y ahora estamos perdonados. Es precioso el símil de san PAblo sobre el perdón:»borró el protocolo que nos condenaba y era contrario a nosotros: lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz.»

SALMO:
«El Señor es bueno con todos»
El salmo recoge la idea del perdón de la primera lectura, y muestra cómo es Dios, y lo alaba, Dios siempre es bueno, en Clemente y misericordioso, pero lo más importante es que es lento a la cólera y rico en piedad. Dios no quiere liarnos como el demonio, sino que siempre nos da una nueva oportunidad para convertirnos, creer y amar.

LUCAS:
– Jesús pasa la noche orando, siempre Jesús tiene esa intimidad con el Padre, la busca habitualmente, y tiene ese silencio y esa soledad donde deja que el Padre le hable. Jesús siempre que tiene que hacer una elección fuerte o quiere vivir algo lo cuida en el corazón del Padre por medio de la oración. Ahora lo hace al elegir a los doce. Es un ejemplo también para nosotros, para que pongamos en un lugar primordial nuestra oración.
– Elige a los doce, que es un número que puede verse como simbólico de muchas cosas, pero sobre todo de las doce tribus de Israel. Así, Jesús manifiesta que el nuevo Israel que es la Iglesia, viene a sustituir y cumplir lo que se había empezado en el antiguo Israel. Estos doce no son grandes personalidades, pues le van a defraudar en más de una ocasión, pero es el estilo De Dios, que va eligiendo para su obra a personas débiles, elige lo que no vale para confundir a lo que vale. Lo que transformara la vida de estos Doce hombres será que van a acompañar a JEsús, y van a poder entrar en su corazón.
– De Jesús salía una fuerza que los curaba a todos, pues se acercaban con todo tipo de enfermedad, de todos los lugares para que Jesús los tocara. Este es Jesús que se conmueve con todos, y que ora y sana a todos; esta debe ser la Iglesia apostólica que sigue con la misión de Jesús de «anunciar el Evangelio a los pobres y sanar a los enfermos».

María, Madre, que vivíamos siempre edificados y arraigados en Cristo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO