MARTES XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 TESALONICENSES:
– San Pablo nos invita a velar, pues somos hijos de La Luz y no de las tinieblas, y por eso no debemos entregarnos al sueño, sino estar en vela y vivir sobriamente, para obtener la salvación del Señor, y por eso en todos los momentos de nuestra vida debemos vivir para Dios, y edificarnos unos a otros, para que en todo nos dejemos llevar por el Señor y no por las cosas de este mundo, y seamos testimonio del amor De Dios los unos para con los otros.
– Debemos tener también presente la venida última de Cristo y la resurrección de los muertos, para no vivir solo para este mundo que pasa, sino para Dios que nos hace buscar su Amor. Y por esto no podemos vivir distraídos por este mundo y en la oscuridad del pecado, sino vivir en vigilancia, con una cierta tensión de Amor que nos haga vivir como hijos de La Luz, como hijos De Dios.
– Nuestra esperanza está en saber que Dios nos ha destinado a obtener la salvación por medio de Jesús para que despiertos o dormidos, vivamos con Él.

SALMO:
«Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.»
El Salmo nos invita a vivir poniendo toda nuestra confianza en el Señor, para que sea en su Amor en el que podamos vivir, y para siempre vivamos para Dios y no para nosotros mismos. Además si dejamos a Dios ser nuestra fortaleza es un descanso del Alma porque en Él todo lo podemos, porque Él lo puede todo.

LUCAS:
– Dos momentos en los que la autoridad de Jesús se hace presente, el primero es su predicación que llega al alma de los hombres, y que hace que los hombres se conviertan y se sientan interpelados. Y por otro lado su poder sobre los demonios, ese poder de expulsar el mal en el corazón del hombre, desde el pecado mas pequeño, hasta la posesión demoniaca más fuerte. Es el poder De Dios y la autoridad que posee Jesucristo, que hasta los demonios le obedecen, porque no pueden resistir a la presencia de su gran Amor.
– De este modo vemos que Jesús libera a toda persona. El Señor resucitado quiere seguir liberándonos a nosotros de nuestro males. ¿Cuáles son nuestros demonios particulares? ¿Cuáles son nuestras esclavitudes: envidias, miedos, depresiones, egoísmos, materialismos?
– La fuerza curativa de Jesús pasó a su comunidad: por eso Pedro y Juan curaron en el nombre de Jesús. La Iglesia, sobre todo por sus sacramentos, pero también por su acogida humana, por su palabra de esperanza, por su anuncio de la Buena Noticia del Amor De Dios, debería estar curando males y posesiones de todos. Repartiendo esperanza, liberando de esclavitudes, venciendo el mal en el nombre de Jesús.

María, Madre llévanos a vivir siempre en el Amor de tu Hijo que sana y libera. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES XXII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO