MARTES XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

JEREMÍAS:

· Llega el tiempo de la destrucción inminente, y el profeta dirige al pueblo unas palabras de ánimo, asegurando que los planes de Dios, a pesar de todo, son de salvación. Parece que no hay remedio, que todo es incurable, y que todo es como escarmiento para aprender a ser fieles a la Alianza. Pero en seguida se ve al Dios misericordioso que sigue amando a su pueblo a pesar de sus infidelidades, pues cambiará su suerte, reconstruirá la ciudad, y será su pueblo y Él su Dios para siempre.

· Aunque la herida parezca incurable, Dios es un Dios que sabe curar. Y esto sigue sucediendo hoy, porque Dios quiere reconstruir siempre su alianza. El pueblo, es decir nosotros, debemos vivir de este Dios que es todo misericordia y que reconstruye nuestra vida, pero debemos reconocer nuestra ruina y darle nuestra vida rota.

· Muchas veces en las comunidades cristianas parece que existen momentos en los que todo es incurable, pero no debemos dejarnos llevar por el pesimismo, incluso del mal Dios saca bien. Estas situaciones de dolor o de deterioro nos pueden servir para madurar, para ser más humildes y vivir más de Dios y menos de nosotros.

SALMO:

“El Señor reconstruyó Sion, y apareció en su gloria.”

· El salmo nos invita a la confianza, a creer en la reconstrucción que va a llevar a cabo el Señor. Tenemos que seguir esperando en el Señor, y en su Amor que es más fuerte que todo.

MATEO:
– Después de la multiplicación de los panes, Jesús se retira al monte a solas a orar, mientras sus discípulos suben a la barca y se adentran en el lago. Durante la noche se levanta el viento y pasan momentos de miedo, miedo que se convierte en espanto cuando ven llegar a Jesús en la oscuridad, caminando sobre las aguas.

– De repente se convierte san Pedro en protagonista: pide a Jesús que le deje ir hacia él del mismo modo, y empieza a hacerlo, aunque luego tiene que gritar "Señor, sálvame", porque ha empezado a dudar y se hunde. Pedro tiene que aprender a no fiarse demasiado de sus propias fuerzas.

– tenemos que aprender de Jesús que dentro de toda nuestra vida y de unos días tan llenos de cosas, no nos podemos separar de Él y tenemos que tener tiempo para la oración cuidada y tiempos para dedicarnos a una entrega sincera de los demás.
– Pero todo lo que vivimos no debemos vivirlo fiados de nosotros mismos, sino fiados de Jesús que nos guía y nos enseña que todo lo debemos vivir en su Amor misericordioso.
– La barca zarandeada por el viento, es imagen De la Iglesia, agitada por tantos problemas y persecuciones. Y debemos dejar subir a Jesús a nuestra barca para que no se hunda, pues Él es el sostén de nuestra vida y el que hace que no tengamos miedo.

María, que dejemos a Jesús entrar en nuestra vida, hacer su obra en nosotros y llegar a obrar conforme a su voluntad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO