MARTES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

JEREMÍAS:

· Jeremías hoy llora e intercede, un buen profeta se solidariza con su pueblo, le duelen sus fallos se alegra con su bien. Jeremías se lamente, habla de heridas y dolor en su alma, todo por culpa del pueblo y su pecado, y se dirige a Dios con una oración muy sentida, intercediendo por todo: Señor, reconocemos nuestra impiedad, pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre… recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

· Nosotros debemos hacer nuestra la actitud penitente de Jeremías y reconocer ante Dios que nuestro egoísmo, nuestro desvío respecto a la Nueva Alianza y nuestros pecados nos acarrean muchos males, de los que luego nos tenemos que lamentar. Además, nos deberíamos sentir solidarios, de los demás, de su dolor, de sus desgracias, a pesar de sus pecados, debemos ayudar a todos en l oquepodemos y orar a Dios por ellos.

SALMO:

“Por el honor de tu nombre líbranos, Señor.

Oración para los que siguen al Señor y confían en su ayuda ante el Padre, pedir socorro, al Señor, que nos libre y perdone nuestros pecados, que somos su pueblo, y queremos vivir en su gracia, y vivir para darle gracias por siempre. Este salmo lo podemos rezar en primera persona o por la humanidad entera, para que la salvación de Dios alcance a todos.

MATEO:
– Vayamos hoy también nosotros al Señor y hagamos la misma petición que los discípulos, enséñanos tu Palabra, haznos comprenderla, métela en nuestro corazón, pero sobre todo haz que se haga vida en nosotros para que vivamos ya no para nosotros mismos, sino para Ti Señor, y viviendo según tu santo Evangelio.
– La parábola nos habla del juicio final, y nos recuerda que este juicio no nos corresponde a nosotros. Le pertenece a Dios y lo hará al final. Mientras tanto, el bien y el mal coexisten en nuestro campo, y tenemos que luchar por potenciar lo bueno. Tenemos que discernir entre el bien y el mal, no todo es trigo, y luchar para que triunfen el bien y los valores del Reino que ha sembrado Jesús, y seguir rezando como decimos en el Padre nuestro, para que venga a nosotros tu Reino y nos libre del mal, del maligno. Convivir con el mal no significa aceptarlo y dejarlo vivir dentro de nuestro corazón.

María, Madre llévanos a encontrarnos con tu Hijo Jesús en la Tienda del Encuentro. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO