MARTES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:
– Nos cuesta el profeta un gesto simbólico que le hizo realizar Dios, comer el rollo de su Palabra, antes de predicarla a los demás. No era una Palabra fácil, pero el profeta reconoce que le supo dulce como la miel. Sólo después de haber comido el rollo recibe Ezequiel el encargo, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras.
– antes de hablar a los demás, tenemos que comer la Palabra De Dios, acogerla, rumiarla, digerirla, interiorizarla. Sólo entonces podemos transmitirla y será creíble nuestro testimonio, sino vividas primero por nosotros.
– Cuando escuchamos la Palabra del Señor no siempre es consoladora y fácil, sino exigente y dura, ojalá nos pase como a Ezequiel, y acojamos la palabra en nuestra vida, en nuestro interior.

SALMO:
“¡Qué dulce, Señor, es al paladar tu promesa!”
Que gozo es para el salmista acoger la palabra del Señor, y vivirla. Es ejemplo de oración para nosotros que queremos vivir en el Señor.

MATEO:
– Lo primero que nos enseña Jesús hoy es sobre quién es el más importante en la comunidad eclesial. El más importante no va ser ni el que más sabe ni el más dotado de cualidades humanas. Llamó a un niño, lo puedo en medio y dijo, os digo que si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino.
– La parábola de las cien ovejas y de la que se descarría parece que hay que interpretarla aquí en la misma línea que lo del niños, cada oveja, por pequeña y pecadora que parezca, comparada con todo el rebaño, es preciosa a los ojos De Dios, que no quiere que se pierda ni una.
– Hacerse como niños, los niños tienen también sus defectos. a veces, son egoístas y caprichosos. Pero lo que parece que vio Jesús en un niño, para ponerlo como modelo, es su pequeñez, su indefensión, su actitud de apertura, porque necesita de los demás. Y, en tiempos de Cristo, también su condición de marginado en la sociedad.
– Hacerse como niños es cambiar de actitud, convertirse, ser sencillos de corazón, abiertos, no demasiado calculadores, ni llenos de sí mismos, sino convencidos de que no podemos nada por nuestras solas fuerzas y necesitamos De Dios. Por insignificantes que nos veamos a nosotros mismos, somos alguien ante los ojos De Dios.

María, acógenos en tu seno, y llévanos a vivir siempre como Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO