MARTES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 REYES:
– Elías vuelve a la ciudad por mandato del Señor, y se impone a seguir ejerciendo de profeta, pasada su crisis de desánimo, denuncia la fechoría llevada a cabo por Ajab y Jezabel. echa en cara valientemente a Ajab la grave falta que ha cometido, ha asesinado y robado y ha hecho pecar a Israel con la idolatría. Y le anuncia un duro castigo De Dios, aunque luego, ante el arrepentimiento mostrado por el débil y voluble rey, le dice que sucederá más tarde.
– Que gran profeta es Elías, que no se dedica a adular a los poderosos, sino que defienden los derechos de los débiles y de los pobres, porque el que falta al pobre falta al mismo Dios.
– Hay muchos como Nabot que son pobres y débiles y maltratados por la vida y aplastados por los demás. Tendría que haber también, muchos como Elías que denunciaran la injusticia y trabajaron por defender los derechos De Dios.

SALMO:
“Misericordia, Señor, hemos pecado”
El salmo hace eco de la actitud humilde de Ajaba, como lo fue también la del rey David, reconocer la misericordia y la bondad De Dios, el propio pecado, y saber que contra el Señor es contra quien vamos con nuestro pecado.

MATEO:
– El Señor nos hace un mandato, “amar a los enemigos”, sus seguidores deberán amara también a los enemigos, a los que no sean de su familia, o de su pueblo, o de su gusto. Saludar a los que nos saludan lo hacen todos. Amara a los que nos aman, es algo fácil, no tiene ningún mérito. Lo que ha de caracterizar a los cristianos es algo extraordinario, saludar a los que no nos saluda, amara a los enemigos, hacer el bien a los que nos aborrecen. Lo primero que tenemos que perdonar a los otros es eso, el que sean otros, con su carácter, sus manías, sus opinión. La consigna por tanto es amar a todos.
– Amad a vuestro enemigos y rezad por los que os persiguen. Ante una injusticia es muy común responder con enfado e incluso buscar el desquite y la venganza. Amar a los enemigos es sin duda un listón muy alto. Pero si nos ponemos al pie De la Cruz, no solo escucharemos las palabras que disculpan, no saben lo que hacen, sino que miraremos el visto elocuente y eficaz del amor por los enemigos. Los brazos abiertos y el corazón atravesado del Señor no ayudan a alcanzar ese listón que para otros resulta imposible.

María, Madre llévanos siempre al corazón de tu Hijo, y escóndenos en Él. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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