MARTES VII SEMANA DE PASCUA

HECHOS:
– San Pablo explica cuál es su modo de actuar. Lo primero servir al Señor con toda humildad, esto es siendo siervos inútiles que sólo hacemos lo que tenemos que hacer, fiados de su misericordia, y caminando por sus caminos y no por los nuestros, viviendo en su voluntad. Lo segundo con lágrimas, esto es hacerse uno con el hermano, sentirle prójimo y conmoverse tiernamente con la vida del otro, así lo vivió el Señor, y así nos invita a vivirlo nosotros. Y lo tercero viviendo las pruebas que vienen desde la entrega a Dios por la salvación de los hombres.
– San Pablo además pone siempre un empeño en que el anuncio del Evangelio debe ser íntegro, sin quitarle ni una coma, y que se debe anunciar sobre todo con el testimonio de vida, y con una invitación clara a la conversión a Dios y a la fe en el Él.
– San Pablo va confiado a seguir realizando su misión, pues su deseo no es esta vida, sino que lo que le importa es completar su carrera y cumplir el encargo que le ha dado Jesús, ser testigo del Evangelio.
– San Pablo nos resulta un estímulo a todos nosotros. Lo que él hizo por Jesús y los que estamos haciendo nosotros en la vida, probablemente no se pueden comparar. Al pasar un tiempo de nuestra vida nos podríamos preguntar ¿podríamos trazar un resumen de nuestra entrega a la causa de Cristo, de la radicalidad de nuestra entrega y del testimonio que estamos dando de Él?

SALMO:
“Reyes de la tierra, cantad a Dios”
En este salmo recordamos la acción De Dios, por medio de su Espíritu, en su pueblo, para darle vida y esta abundante. Por eso el Señor lleva nuestras cargas, porque viene a traer la salvación a nuestras casas, a nuestra vida.

JUAN:
– Hoy comienza la oración sacerdotal de Jesús en la Última Cena, Jesús eleva los ojos al PAdre y dirige esta entrañable oración conclusiva de su misión.
– Padre ha llegado la hora. Jesús en su vida anuncia esta hora, es la hora de su entrega pascual en la cruz y de la glorificación que va a recibir del padre, con la resurrección y entrada en la vida definitiva, con la gloria que Él tenía antes que mundo existiese. Jesús pide su glorificación, que es la plenitud de toda su misión y la vuelta al Padre, del que procedía. Pero es también una oración por los suyos, le va a hacer falta, por el odio del mundo y las dificultades que van a encontrar.
– Esta oración de Jesús está impregnada de amor a su Padre, de unión íntima con Él, y a la vez de amor y preocupación por los suyos que quedan en este mundo. Todos nosotros estamos ya en el pensamiento de Jesús en su oración al Padre. Sabía de las dificultades que íbamos a encontrar en nuestro camino cristiano. Y no nos abandona, pues pide al Padre por nosotros, se queda realmente presente en la Eucaristía, y nos envía el Espíritu Santo para que interceda por nosotros.

María, Madre que estemos abierto a los dones De Dios. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES VII SEMANA DE PASCUA

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