MARTES I SEMANA DE CUARESMA

ISAÍAS:
– Nos presenta el profeta la fuerza intrínseca que tiene la palabra De Dios, que siempre es eficaz y consigue lo que quiere. La comparación está tomada del campo y la podemos entender todos: esa palabra es como la lluvia que baja, que empapa la tierra y la hace fecunda.
– Como esta tierra que acabamos de decir, debemos nosotros acoger la palabra De Dios, para que haga su obra en nosotros, y haga nuestra vida más fecunda y más plena. Necesitamos y deseamos estar llenos del Amor De Dios, del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en ese tono De Dios, que nos hace mirar y amar las cosas con otro corazón distinto al de este mundo.

SALMO:
“Dios libra a los justos de sus angustias”
En el salmo vemos distintos modos de dirigirnos al Señor. Empieza con una alabanza, declarando que el Señor es grande y bueno. Después sigue con un preguntar al Señor su voluntad, para que nuestra vida sea conforme a lo que Él quiera.
Sigue el salmo con una contemplación del rostro De Dios, que nos transforma, y en el que vemos su infinita misericordia, a este Dios misericordia podemos dirigirle cualquier necesidad, petición y angustia. El Señor siempre escucha los gritos de sus hijos porque permanece atento a nuestras necesidad, por el amor que nos tiene.

MATEO:
– El Señor desea manifestarse como Dios y como Padre: como Dios, teniendo la capacidad de escuchar las necesidades de todos, y como Padre, dándonos lo que más contribuye a nuestro bien. Estos dos sentimientos deben estar presentes al rezar el Padrenuestro.
– Jesús nos enseña a orar. Y nos invita a que evitemos toda palabrería cuando rezamos: no se trata de informa a Dios sobre algo que no sabe, ni de convencerle con argumentos de algo que no está seguro de concedernos.
– Hay que rezar el Padrenuestro con un corazón de hijos y un corazón de hermanos, pues en el Padre nuestro rezamos como hijos confiadamente a nuestro Padre que quiere lo mejor para nosotros; y como hermanos que buscar a sus hermanos para que no pasen necesidad y puedan tener lo necesario para vivir en lo material y en lo espiritual.
– Con esta oración vivimos el resumen del Evangelio, y ponemos a Dios en El Centro, sabiendo quienes somos, reconociendo arrepentidamente que somos pecadores, y que necesitamos de nuestro Padre eterno.
– Escuchemos por eso más la palabra que Dios nos dirige y elevemos nosotros a Dios con más sentido filian nuestra pobre oración.

María Madre, enséñanos a orar y a acoger la palabra de tu Hijo Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES I SEMANA DE CUARESMA