MARTES ANTES DE LA EPIFANÍA

1 JUAN:
– San Juan llama anticristos, a los que no creen en Jesús como el Mesías, el ungido enviado por Dios, que ha asumido en verdad nuestra carne humana. Esto lo debió decir porque en su comunidad se ve que algunos habían abandonado la doctrina que había recibido, y se habían ofuscado en su fe en Cristo, por medio de herejías y también por descuido de la práctica del Evangelio en la propia vida. San Juan invitó a a que estén vigilantes y no se dejen seducir.
– También podríamos aplicar esto a nosotros, pues muchas veces somos totalmente fieles a la doctrina De la Iglesia, a las enseñanzas del Señor, pero luego somos un poco laxos en la práctica de la vida cristiana, y también a nosotros nos debe tocar este texto de la palabra De Dios; nosotros debemos estar vigilantes cuidando nuestro modo de hacer en la vida, y debemos llevar una vida según el Señor enamorados de Él y no con otros amores en nuestro corazón.
– Aparece mucho un verbo en el texto: PERMANECER, este verbo nos lleva a cuidar la fidelidad, la perseverancia, mantenernos en la verdadera fe, no dejarnos engañar. Es el verbo que usa el mismo san Juan en la parábola de la vid y los sarmientos, hay que permanecer en la vida para poder dar frutos.

SALMO:
“Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.”
Seguimos alabando al Señor, por que sus maravillas son grandes en nuestra vida, por su salvación se acerca a todos los pueblos, y porque su misericordia y su fidelidad siempre juegan a nuestro favor.

JUAN:
– Aparee de nuevo san Juan Bautista en escena, para recordarnos que el punto esencial de la vida cristiana consiste en no ponerse en El Centro a uno mismos, sino en referirlo todo al Señor, señalarle a Él, que Él sea El Centro de todo, y los demás unos pobres instrumentos que deben llevar a Él.
– Debemos preguntarnos si somos buenos testigos del Señor, igual que san Juan Bautista, si somos la voz que clama y lleva al Señor, si sabemos mostrar La Luz del mundo y salvación de todos los hombres.
– Debemos por lo tanto poner al Señor en El Centro de la vida y de la historia, y que ser testigos de su Luz en el mundo para que Él ilumina hasta el último rincón de cada corazón.

María, Madre que Jesús sea nuestro Centro y nuestro Todo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

MARTES ANTES DE LA EPIFANÍA