LUNES XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 TIMOTEO:
– San Pablo invita a la oración universal, a vivir una vida en continua oración los unos por los otros, para que puedan vivir con serenidad y paz, para poder vivir en Cristo. Esta petición tiene una base teológica, pues Dios quiere qeu todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. De este modo Dios es Padre de todos y ha enviado a Cristo su Hijo único para salvar a todos. Por lo tanto los cristianos tenemos que desear y pedir la salvación de todos, y la vivencia de Cristo en todos los quehaceres.
– El problema es que tenemos tendencia a rezar pos nosotros, o como mucho por los nuestros, los más cercanos, es lo que nos sale más espontáneo y es legítimo. Pero hay momentos en que debemos rezar por los demás, esta es una actitud fundamental en la Iglesia, somos católicos, universales, también en nuestros oración. Pues si estamos convencidos de que Dios quiere la salvación de todos, y de que Cristo se ha entregado por todos, los cristianos debemos ponernos antes Dios a modo de mediadores e intercesores por los demás. El rezar por las necesidades e intenciones de otros, hace que después nuestro trabajo quede iluminado desde la fe y el amor De Dios, y no sólo desde nuestro buen corazón o nuestro sentido de solidaridad humana, aunque ya sean motivaciones buenas.

SALMO:
Bendito el Señor, que escuchó mi voz suplicante.
Le pedimos al Señor que escuche nuestra voz de oración que le pide, pues sólo en Él se sostiene nuestra vida, y es Él el único capaz de salvar a su pueblo.

LUCAS:
– El centurión del evangelio, tiene un humilde respeto, no se atreve a ir él personalmente a ver a Jesús, ni le invita a venir a su casa, porque ya sabe que los judíos no pueden entrar en casa de un pagado. Pero tiene confianza en la fuerza curativa de Jesús, que él relaciona con las claves de mando y obediencia de vida militar.
– Jesús alaba la fe de este extranjero. Después de tantos rechazos entre los suyos, es reconfortante encontrar una fe así.
– La actitud de aquel centurión y la alabanza de Jesús son una lección para que revisemos nuestros archivos mentales, en los que a veces una persona por no ser de los nuestros, ya la hemos catalogado poco menos que de indeseable.
– Debemos ser una iglesia que acogía, en cercanía y salida hacia los demás. Tenemos que empezar por ser humildes nosotros mismos, para que el Señor pueda hacer su obra en nosotros.

María danos un corazón semejante al tuyo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

LUNES XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO