LUNES XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

MIQUEAS:

Miqueas, el profeta, no puede quedar en silencio ante las injusticias que se cometen en su pueblo. El texto de hoy constituye una llamada a la conversión, a hacer lo que es recto a los ojos d¿ Yahvé. En su reflexión quiere mostrar al pueblo, para que comprenda, la incoherencia de su comportamiento respecto a Dios. Con este fin, el profeta se presenta en primer lugar como el portavoz de Dios ante todo el país. Yahvé tiene un pleito, una causa pública con su pueblo. Este, con su comportamiento injusto, muestra no reconocer la rectitud de la actuación de Yahvé en su historia pasada, cuando lo hizo subir de Egipto, lo rescató de la esclavitud, sin abandonarlo nunca, sino poniéndole como guías a enviados suyos, y protegiéndolo hasta la posesión de la tierra prometida. De ahí la dolorida pregunta: «¿Qué te he hecho yo, pueblo mío? ¿En qué te he molestado? ¡Respóndeme!». El pueblo no puede responder.

A continuación expone Miqueas la reflexión que el pueblo mismo tendría que hacerse: mirando sus propias injusticias, en contraste con la rectitud y fidelidad de Yahvé, ¿pueden creer todavía que éste aceptará sus holocaustos? La prevaricación interior, el pecado del alma, echa a perder toda otra obra externa y legal del culto a Yahvé. Por eso, por encima del conocimiento de las prescripciones legales y cultuales, el pueblo ha recibido una enseñanza que le ha hecho conocer los caminos por los que puede «defender el derecho, practicar la lealtad y caminar en la presencia del Señor». Estas son las «cosas buenas» y las que realmente pide Yahvé.

La ignorancia de la historia -que recuerda la actuación recta de Yahvé en el pasado- no disculpa del comportamiento injusto de ahora. La vida lleva en sí misma los propios principios de rectitud. La injusticia no es cuestión de olvido. El hombre lleva consigo el juicio de sus obras, en cuanto sabe, y se le ha enseñado, cuáles son las «buenas obras».

Al final presenta el profeta de nuevo a Yahvé que condena la impiedad el fraude, la violencia, el engaño, y que predice al pueblo las desgracias y calamidades que, a causa de sus desvíos, caerán sobre ellos, y que ya han comenzado. Las injusticias del pueblo son la fuente de su desventura, y no Yahvé, que castiga mientras se mantiene fiel.

SALMO:
«Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.»

MATEO:
– Hoy Jesús nos muestra que la fe no viene solo porque él haga milagros, pues ha hecho muchos, y no han creído en Él. Y nos habla de un signo por el cual creerán, es el signo de Jonas, que es signo de algo más grande, al igual que Jonas permanece tres días en el cetáceo, Jesús permanece tres día en el sepulcro, el gran signo es su Resurrección, este si que es el signo por el cual creer a Jesús, es por su muerte y por su resurrección, por los que nuestra fe crece, y entiende también la acción salvadora y redentora de Cristo.
– Jesús quiere que fundamentemos nuestra fe no den los milagro, sino en su palabra y en sus obras en completo. También el signo de Jonás, le sirve a Jesús para deducir que al profeta del Antiguo Testamento le creyeron los habitantes de una ciudad pagana y se convirtieron, mientras que a Él no le acaban de creer, y eso que es más que Jonás, y que Salomón.
– Nuestra fe es confianza en Dios, alimentada continuamente por esa comunidad eclesial a la que pertenecemos y que, desde hace dos mil años, nos transmite el testimonio del Señor Resucitado. La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido ultimo de su vida. Por eso el gran signo De Dios se llama Cristo Jesús.

María, Madre llévanos a encontrarnos con tu Hijo Jesús, y que Él siempre acreciente nuestra fe, por su entrega de Amor. Amén.

Un pobre sacerdote +++

LUNES XVI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO