LUNES VII TIEMPO ORDINARIO

ECLESIÁSTICO:

– La verdadera sabiduría viene del Señor y está con Él eternamente. Es una sabiduría que no es de este mundo y que no se puede abarcar, por lo que está unida a la fe en Dios. Sólo Dios es Sabio, peo ha derramado su sabiduría sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, la regaló a los que lo temen. Por lo tanto los que viven de Fe, los creyentes, son los que pueden obtener la verdadera sabiduría como participación De Dios.
– No podríamos preguntar, ¿dónde encontrar la verdadera sabiduría? En la Palabra De Dios, que es Cristo mismo, a quien escuchamos día a día en Misa. Dichoso el que escucha esta Palabra, la asimila, la recuerda, la pone en práctica, construyendo sobre ella el edificio de su vida. Dichoso el que se deja enseñar por Cristo Jesús, Maestro de sabiduría.

SALMO
«El Señor reina, vestido de majestad.»
El Señor es Rey, pero es necesario que también sea Rey y Señor de nuestra vida, y por eso debemos acoger y vivir sus mandatos, y dejarnos adornar por la santidad que es lo que nos llevará a vivir por días sin términos en el cielo.

MARCOS:
– Con sus palabras Jesús subraya sobre todo la necesidad de la fe para poder vencer el mal: TODO ES POSIBLE AL QUE TIENE FE. Esta fe se une a Jesús que es más fuerte que el mal, porque está lleno del Espíritu De Dios, tiene la fuerza De Dios y puede luchar otra el demonio.
– Nuestra lucha contra el mal, el mal que hay dentro de nosotros y el de los demás, sólo puede se eficaz si se basa en la fuerza De Dios. El que salva y el que libera es Dios. Y nosotros, sólo si nos mantenemos unidos a él por la oración, seremos canal por el que pase la gracia De Dios para ayudar al prójimo.
– Cuando fracasamos, suele ser porque confiamos más en nuestras propias fuerzas, y nos olvidamos de apoyarnos en Dios, que el sostén y la fuerza de nuestra vida.
– En la guerra continua entre el bien y el mal Cristo se nos muestra como vencedor y nos invita a que, apoyados en Él, con la oración y el ayuno, no con nuestras fuerzas, colaboremos a que esa victoria se extienda a todos también en nuestro tiempo.

María, Madre intercede por nosotros para que se nos aumente la fe. Amén.

Un pobre sacerdote +++

LUNES VII TIEMPO ORDINARIO