LUNES TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

2 SAMUEL:
– La historia se mueve de modo muy humano que, en libro religiosos como el que estamos leyendo, se atribuyen a la providencia De Dios. Dios se sirve de las cualidades y de los defectos, de los éxitos y de los fracasos humanos, para conducir lo destinos del pueblo y para que se vayan cumpliendo sus planes de salvación. Vemos muy claro que el escritor de este libro muestra que el Señor estaba con David.
– Dios no actúa a base de milagros continuados, sino a través de personas que encarnan sus planes. Nuestros éxitos, pero también nuestra debilidades e incluso nuestro pecado, le sirven a Dios para ir escribiendo su historia, la historia de la salvación. En nuestra vida tendríamos que conjugar los esfuerzos humanos con la confianza en Dios y la docilidad a sus planes. Eso nos haría más humildes ante los éxitos y más preparados a encajar sin actitudes trágicas los fracasos. Con nuestras actitudes, con nuestra manera de tratar a las personas, deberíamos trabajar par conseguir la unidad.

SALMO:
"Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán."
Es lo que verdaderamente necesitamos que Tú nos acompañes Señor, que tu siempre rijas y dirijas nuestra vida según tu fidelidad y misericordia.

MARCOS:
– "El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás." ¿Dónde queda entonces la misericordia infinita De Dios? Para que Dios conceda el perdón, el hombre necesita abrirse a esa misericordia, al amor De Dios que perdona. Si el hombre no desea el perdón, Dios no lo puede perdonar; él no puede obligar al hombre a abrir su corazón. Y el Espíritu Santo es precisamente la gracia y el amor De Dios que se entrega al hombre: Rechazar el perdón significa rechazar al Espíritu Santo." (Del comentario del Magnificat)
– Vemos hoy en el Evangelio que lo que está en juego es la lucha entre el Espíritu del mal y el del bien. La victoria de Jesús , arrojando al demonio de los podemos, debe ser interpretada como la señal de que ya ha llegado el que va a triunfar contra el mal, el que es más fuerte que el Malo.
– Debemos preguntarnos si alguna vez nos obstinamos en no ver todo lo que tendríamos que ver, en el Evangelio o en los signos de los tiempos que vivimos. No será que por maldad o por ceguera voluntaria, pero sí puede ser por pereza o por un deseo casi instintivo de no comprometernos demasiado si llegamos a ver todo lo que Cristo nos está diciendo y pidiendo.
– somos invitados a luchar contra el mal. Pero luchamos sabiendo y viviendo que el Señor es más fuerte que el Demonio y que ya lo ha vencido.

María, que siempre vivamos en todo, por pequeño que sea, para el bien. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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