LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Jornada pro-orantibus

Debemos vivir a este Dios personal, cálido, cercano y salvador. Es un Dios que es PAdre, que ha entrado en nuestra historia, que nos conoce y nos ama. Un Dios que es Hijo, que se ha hecho Hermano nuestro, que ha querido recorrer nuestro camino y se ha entregado en la cruz por nuestra salvación. Un Dios que es Espíritu y nos quiere llenar en todo momento de su fuerza y su vida, y da testimonio de que somos hijos De Dios.
Ser hijos significa no vivir en el miedo, como los esclavos, sino en la confianza y en el amor. Ser hijos significa poder decir desde el fondo del corazón, y movidos por el Espíritu, Abbá Padre. Significa que somos herederos De Dios y coherederos con Cristo, hijos en el Hijo, hermanos del Hermano mayor, partícipes de sus sufrimientos, pero también de su glorificación.

Hoy no es un día para intentar explicar el misterio de la Trinidad, para eso estudiábamos una asignatura en la carrera de Teología, y hay cientos de libros que nos ayudan, sino de recordar cómo ha actuado y sigue actuando Dios en bien nuestro y cómo toda nuestra vida está marcada y orientada por su amor:
– En el Bautismo, somos envueltos, ya desde el principio en su amor.
– En la Eucaristía, desde principio a fin oramos trinitariamente. En el Gloria, en el credo, centrados en la actuación de la tres Personas divinas. Y sobre todo en la Doxología: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria”.
– Somos trinitarias, y estamos invadidos del amor y la cercanía de ese Dios Trino.

María, Madre que vivamos Trinitariamente, como verdaderos hijos De Dios Padre, hermanos De Dios Hijo, esposos del Espíritu Santo, y que guardemos como un verdadero Sagrario a la Trinidad Santa. Amén..

Un pobre sacerdote +++

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