LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Día pro Orántibus

DEUTERONOMIO:
– Recomendaciones de Moisés para que su pueblo siga los mandamientos De Dios, que había pactado con él en la primera Alianza del Sinaí.
– Moisés muestra cómo es ese Dios en quien creemos. Un Dios todopoderoso, el único Dios allí arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra: no hay otro, que creó al hombre sobre la tierra, pero a la vez un Dios cercano que ha elegido a los israelitas de entre todos los pueblos, le ha hablado, y sobre todo les ha liberado de la esclavitud con mano fuerte y brazo poderoso. Por eso, cumplir sus mandamientos es el único camino para la verdadera felicidad.

SALMO:
“Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.”
Es la alegría por la acción salvadora De Dios, por una parte es creador, pero sobre todo es nuestro salvador, Él es nuestro auxilio y escudo.

ROMANOS:
– Vemos lo que hace el Espíritu en nuestra almas, en nuestras vidas. El primer don que nos hace a los creyentes es la filiación adoptiva, somos hijos De Dios, y debemos clamar a Dios como nuestro Padre, Abbá, pero sobre todo a llevar una vida de hijos. Ser hijos en la familia De Dios que tiene unas consecuencias de una esperanza tremenda, pues si somos hijos, somos herederos De Dios y coherederos con Cristo. Esto es que Dios nos hace participes de su Reino.

MATEO:
– El final del evangelio de san Mateo nos anuncia la misión que Jesús encomienda a la Iglesia antes de su despedida. Es una misión triple, evangelizadora: “id y haced discípulos”, celebrativa: “bautizándolos en el nombre del PAdre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y vivencial: “enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.”
– El que los convertidos a la fe sean bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu, que es el motivo de la lección de este pasaje para hoy, muestra que el creyente queda inserto en la familia cristiana, la eclesial, que es la comunidad del Dios Trino.

Debemos vivir a este Dios personal, cálido, cercano y salvador. Es un Dios que es PAdre, que ha entrado en nuestra historia, que nos conoce y nos ama. Un Dios que es Hijo, que se ha hecho Hermano nuestro, que ha querido recorrer nuestro camino y se ha entregado en la cruz por nuestra salvación. Un Dios que es Espíritu y nos quiere llenar en todo momento de su fuerza y su vida, y da testimonio de que somos hijos De Dios.
Ser hijos significa no vivir en el miedo, como los esclavos, sino en la confianza y en el amor. Ser hijos significa poder decir desde el fondo del corazón, y movidos por el Espíritu, Abbá Padre. Significa que somos herederos De Dios y coherederos con Cristo, hijos en el Hijo, hermanos del Hermano mayor, partícipes de sus sufrimientos, pero también de su glorificación.

Hoy no es un día para intentar explicar el misterio de la Trinidad, para eso estudiábamos una asignatura en la carrera de Teología, y hay cientos de libros que nos ayudan, sino de recordar cómo ha actuado y sigue actuando Dios en bien nuestro y cómo toda nuestra vida está marcada y orientada por su amor:
– En el Bautismo, somos envueltos, ya desde el principio en su amor.
– En la Eucaristía, desde principio a fin oramos trinitariamente. En el Gloria, en el credo, centrados en la actuación de la tres Personas divinas. Y sobre todo en la Doxología: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria”.
– Somos trinitarias, y estamos invadidos del amor y la cercanía de ese Dios Trino.

María, Madre que vivamos Trinitariamente, como verdaderos hijos De Dios Padre, hermanos De Dios Hijo, esposos del Espíritu Santo, y que guardemos como un verdadero Sagrario a la Trinidad Santa. Amén..

Un pobre sacerdote +++

LA SANTÍSIMA TRINIDAD