LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

HECHOS:

– Teófilo: significa hijo De Dios, san Lucas dirige sus libros a los hijos De Dios, esto es a ti y a mí, que lo escuchamos y acogemos en nuestro corazón para hacerlos vida.

– Podríamos decir que la Ascensión, es el punto de llegada de la misión de Jesús, y el punto de partida de la misión De la Iglesia. Jesús ha culminado su presencia en carne mortal en la tierra, y ahora es a la Iglesia, a es pequeña comunidad guiada por los once, llevar adelante la misma misión de Jesús en la Tierra, instaurar su Reino en el mundo, para ello les promete este bautismo en el Espíritu Santo, que les dará fuerza y valentía para llevar a cabo dicha misión.

– La primera comunidad cristiana, se convierte de este modo en la presencia viviente de Jesucristo, y debe vivir de fe, para mostrar a Dios en su caminar, en su predicar, pero sobre todo en su vivir.

SALMO:

“Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas”.

Este salmo llevamos varios rezándolo en la liturgia eucarística varios días, solo destacar que cambia la antífona que repetimos. Hemos pasado de declarar que Dios es el Rey del mundo, a mostrar que el Señor llega al Cielo con la alabanza y glorificación de los ángeles y nosotros nos unimos a esta alabanza cantado con alegría este salmo.

EFESIOS:

– La pedimos al Señor que nos regale espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, esto es que nos colme con su Espíritu Santo para que nos lleve a una verdadera unión de corazones con Jesucristo y esto nos lleve a vivir en un pleno conocimiento del Señor, porque caminemos hacia el cielo, donde le conoceremos plenamente, en una unión de mentes, que no ayude a conocer lo que le agrada, su voluntad.

– Después le pedimos al Señor que nos ilumine en los ojos del corazón para comprender:

+ La esperanza a la os llama.

+ La riqueza de gloria que da en herencia a Los Santos.

+ La extraordinaria grandeza de su poder en favor nuestro.

Al ver como apuesta por nosotros el Señor, para cosas grandes, no podemos empequeñecernos nosotros, sino que le debemos dejar hacer su obra de santidad en nosotros.

– Hay que comprender la grandeza del misterio de Cristo, y para ello Dios nos regala el Espíritu, que se nos da por el costado de Cristo abierto en la Cruz, y que nos abre las puertas del cielo, para que podamos vivir en una unión profunda que nos lleve a gozar eternamente de su Presencia.

O bien HEBREOS:

– En este ciclo podemos leer también este pasaje, es muy oportuno. La intención de esta Carta es mostrar cómo en Cristo se cumplen y quedan superadas todas las realidades del Antiguo Testamento. Hoy afirma que Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos y, como nuestro Sumo Sacerdote, ha entrado en el santuario auténtico, el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Junto con Él sus seguidores, tenemos ahora entrada libre en el santuario, si sabemos seguir el camino nuevo y vivo que él ha inaugurado para nosotros.

LUCAS:

– Jesús vuelve a predicar el kerigma, nos muestra que ha tenido que padecer, resucitar y sobre todo anuncia la misión De la Iglesia, que es proclamar la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos. Esto es muy importante estamos llamados al anuncio del Evangelio a todos, en todo momento y en todo lugar.

– Destaca la importancia de que son TESTIGOS y que el Espíritu Santo será quien dará la fuerza para poder llevar a cabo una vida conforme a la voluntad del Padre. Jesús se va pero les deja llenos de una alegría desbordante que les hace ser testigos del evangelio, pero sobre todo hombres que son capaces de estar bendiciendo siempre a Dios, en una unión intima con el Padre Dios.

– No se quedan mirando al cielo, sino que bajan a la cuidad. Ser testigos de Cristo en el mundo, predicar la Buena Noticia, celebrar los sacramentos, construir el mundo nuevo según el reino, es la misión De la Iglesia. Pero todo con la doble garantía que le da Jesús a una comunidad débil como la nuestra, la presencia y la ayuda del mismo Jesús resucitado, yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Y el Espíritu a quién Jesús ha prometido como la fuerza de lo alto, que ahora intercede por nosotros, como mediador que asegura la perenne efusión del Espíritu.

Meditación del Padre Antonio Llamas:

Jerusalén será el motivo de nuestra reflexión. El evangelista hace mención de la ciudad tres veces. Esta reiteración nos hace pensar en la trascendencia que tenía en el cristianismo primitivo la ciudad desde donde Jesús se eleva al cielo. Esta Jerusalén es distinta de la otra Jerusalén material que no acepta al profeta y le mata.

La nueva Jerusalén, a la que vuelve Jesús, prefigura la morada De Dios, la ciudad del gran rey, la esposa del Señor, la ciudad celeste que nos describe el autor del libro del Apocalipsis al final de la Biblia Santa. Jerusalén será siempre la viuda de La Paz y todos y cada uno de los creyentes deberíamos hacer de nuestra vida una nueva Jerusalén, para que Dios habite siempre en nosotros, como si cada uno fuéramos ciudad De Dios.

Jerusalén albergada dentro de sus murallas el templo del Señor y se reconvierte en la ciudad e Dios por excelencia, en la que la divinidad tiene su morada. Desde que el emperador de PERsia, Ciro, publica el decreto para que el pueblo judío vuelva a su tierra, se dice que el Dios de los Cielos tiene morada permanente en la ciudad de Jerusalén. Así lo manifiestan algunos lugares emblemáticos del antiguo Testamento.

Jerusalén es la esposa del Señor. Dios ama, atiene y cuida a su amada. Esta situación prefigurada llega a ser como una historia de amor entre Dios y la ciudad diez veces santa, como dicen los rabinos. LA ciudad representa a todo el pueblo de Israel. Esta historia de amor entre Dios y su ciudad está marcada por fidelidades e infidelidades de la misma ciudad con su Amado.

Jerusalén es la figura del reino De Dios y es la meta hacia la que se dirige Cristo el Señor, después de su peregrinaje terreno y hacia donde nos encaminamos todos los que seguíamos a Jesús. LA ciudad se reviste de gloria, como una novia se adorna para su esposo. Jerusalén es la esposa de Cristo y sus habitantes somos todos los creyentes.

María, Madre llévanos a no quedarnos mirando al cielo, sino a llenarnos del Espíritu para ser testigos de Jesús en el mundo, para ir a la Jerusalén del Cielo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR