JUEVES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

APOCALIPSIS:

– La grandiosa escena de hoy resume toda la lucha entre el bien y el mal, entre Cristo y el Demonio.

– Por un lado están los que se fían de las brujerías, los que han apostatado, que viven en la oscuridad, en las tinieblas, en la ruina, en la muerte.

– Por otro lado, está la victoria. Es el coro de los salvados que no cesan en sus cantos de alegría y alabanza en la luz de Cristo.

– El Apocalipsis no es un libro dulce, sino guerrero y valiente, que nos da ánimos en la lucha y nos hace mirar hacia el futuro confiados en el triunfo de Cristo y de los suyos. Creer y confían en Aquel que nos hará gozar para siempre de una vida con Él.

SALMO:

“Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”.

Hoy repetimos en el salmo, la última frase de la primera lectura; es un gran gozo poder participar del banquete de las bodas del Cordero eternamente en el Cielo, es la Eucaristía celeste y donde en el fondo queremos ir y gozar nosotros.

El Salmo alaba la grandeza, la fidelidad y la misericordia de Dios, que nos hace entrar en su Templo santo, lugar de su presencia, cuanto más cuando lleguemos al Cielo alabaremos al Señor, cuando le veremos tal cual es.

LUCAS:

+ Cuando escuchamos el Evangelio de hoy, podemos pensar, que desastre, que miedo, que difícil va a ser vivir el final de los tiempo. Pero la última frase es la clave de todo en el día de hoy: “…verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria…, levantáis, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”.

+ El Señor es nuestra liberación, viene a liberarnos primero de la esclavitud del pecado, por el cual habíamos perdido la amistad con Él, nos devuelve la amistad dando la vida por nosotros y resucitado viene a buscar a los suyos. Y por otro lado nos libera de la corrupción y de la limitación de nuestro cuerpo y nuestro ser hombres, y de este modo a ser liberados de las limitación de una vida terrena, para poder gozar del cielo eternamente.

+ Somos invitados a tener confianza en la victoria de Cristo Jesús que no deja de

Amarnos, buscarnos y santificarnos.

María, Madre misericordiosa, llévanos al cielo junto a tu Hijo Jesús, queremos vivir de su liberación. amén

Un pobre sacerdote +++

JUEVES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

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