JUEVES XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 MACABEOS:
– Otro ejemplo de fidelidad a la Alianza tenemos hoy, Matatías y sus hijos, con una petición clara a que Dios les libre de abandonar la ley y las costumbres. Quieren vivir en obediencia a Dios, a su voluntad, y no se quieren desviar ni un milímetro de lo que Dios les marque. Es verdad que el pasaje bíblico acaba dramáticamente, pues Matatías empieza a degollar a los que van a sacrificar sobre el ara sacrílega de Modín, pero que Él se mantenga firme al Señor, y le ponga por encima de todas las cosas, lleva a otros a no abandonar al Señor, a abandonar todo lo que tienen y desear vivir santamente en el desierto, según la ley De Dios.
– Tendríamos que dejarnos interpelar por estos judíos que supieron resistir a la tentación y conservar su identidad en un ambiente pagado y secularizado. Debemos estar en el mundo, pero sin ser del mundo. Defendernos y seguir fieles al evangelio de Jesús y no ofrecer ningún tipo de culto a otros dioses que nos atacan día tras día.

SALMO:
“Al que sigue buen camino le haré ver la salvación De Dios”.
Lo más importante es seguir en lo que el Señor quiere, y por eso hay que vivir haciendo el sacrificio que Dios quiere, y este es vivir entregando totalmente la vida a su voluntad, entregar la vida a Él para que Él haga con nosotros lo que más convenga. Entones seguiremos los camino del Señor, y su salvación se hará presente en nuestra vida.

LUCAS:
– Hoy vemos como el Señor se conmueve sobre Jerusalén, y llora sobre ella. A Dios le duele nuestro rechazo, le duele el corazón cuando nos separamos de Él y vivimos muy ocupados en nosotros y nos olvidamos de Él. Su amor es así de grande, pues no nos obliga a acogerlo sino que prefiere seguir amándonos y sufrir, a obligarnos y de este modo no sufrir. Es el amor de hijos que Dios nos tiene, que está dispuesto a llorar por nosotros, cuando vivimos una vida de esclavos por el pecado. Debemos dar gracias al Señor en el día de hoy, por tratarnos como a hijos y por darnos su amor, y el don de la libertad.
– Jesús lloró. Esto debería llevarnos a darnos cuenta que todos podríamos aprovechar mejor las gracias que nos concede Dios. El pueblo por el que llora JEsús es la imagen de un pueblo que no ha sabido abrir los ojos y comprender el momento de la gracia De Dios. Debemos nosotros estar vigilantes, porque Dios viene continuamente a nuestra vidas, y es una pena que nos encuentre dormidos y preocupados en cosas nimias. Por lo tanto debemos preguntarnos, ¿nosotros estamos correspondiendo a Dios como Él quiere, o le estamos defraudando y llora por nosotros?

María, Madre llévanos a vivir en la verdadera libertad de los hijos De Dios, amando a Dios con todo el ser, con todas las fuerzas, con todo, sin guardarnos nada. Amén.

Un pobre sacerdote +++

JUEVES XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO