JUEVES XXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 CORINTIOS:

Corinto era y es una gran ciudad, puerto de mar, situada también en Grecia, como la de Tesalónica, pagana, con mala fama en cuanto a sus costumbres.

Esta comunidad cristiana la fundó Pablo en su estancia de los años 51-52 y, por lo que se ve, era una comunidad muy viva, con cualidades y con problemas. Virtudes y defectos de unos cristianos de hace dos mil años, que nos iluminan en nuestra vida comunitaria de ahora.

Parece que Pablo les escribió cuatro cartas: se han conservado la segunda y la cuarta, las que llamamos «primera y segunda a los Corintios». La primera, que es la que empezamos a leer hoy, la escribió hacia el 56 o 57, desde Éfeso, en su tercer viaje. Su temática no es la que podríamos llamar «judía» (la relación entre la fe y la ley), ni tampoco la típicamente «cristiana» (el seguimiento de Cristo), sino una más «helénica»: la relación entre el conocimiento y el amor (entre la «gnosis» y el «ágape»). La finalidad de las recomendaciones de Pablo será la edificación de la comunidad, por encima de los entusiasmos filosóficos y carismáticos que puedan tener los Corintios.

a) El comienzo no puede ser más positivo y esperanzador. Pablo describe a los cristianos como «el pueblo santo que Jesucristo llamó», «la Iglesia de Dios que está en Corinto», los que han recibido «la gracia de Dios en Cristo Jesús», los que han «sido enriquecidos en todo», los que «no carecen de ningún don».

Destaca, sobre todo, el don de la sabiduría, «en el hablar y en el saber». Los griegos se distinguen por su sabiduría, son maestros en filosofía. También los convertidos parece que estaban muy satisfechos de este don, lo que Pablo irá constatando, no sin cierta ironía, a lo largo de toda la carta.

Pero lo que más subraya Pablo es el protagonismo de Jesús: en los versículos que leemos hoy, nada menos que nueve veces aparece su nombre. Jesús es quien da sentido a toda la gracia que Dios ha hecho a los Corintios y a su respuesta de fe.

b) Haremos bien en ir leyendo esta carta como escrita para nosotros mismos, deseando merecer las alabanzas de Pablo y procurando corregirnos de sus reproches, si es que se nos pueden aplicar. La de Corinto es una comunidad cristiana que vive en un ambiente pagano: de ahí su actualidad pastoral.

La Escritura no se proclama en nuestras celebraciones para que nos enteremos de que hace veinte siglos las comunidades tenían tales o cuales problemas. Sino para que nos miremos al espejo y procuremos que nuestros caminos vayan coincidiendo cada vez más con los de Dios.

Ojalá tuviéramos todos esa riqueza de gracia y de dones de que habla Pablo. Y al mismo tiempo, nos «mantengamos firmes hasta el final», porque todos somos llamados «a participar de Jesucristo, Señor nuestro, y él es fiel».

SALMO:

«Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.»

MATEO:

– Una consigna da al principio el Señor en el Evangelio, «estar en vela». Este estar en vela no es para buscar otras cosas, sino par esperar siempre a Dios en nuestra vida, es para vivir pensando en la última venida del Señor, y tras la posibilidad de condenación y de salvación; vivir pidiendo que venga el Reino del Señor definitivo, y con una mirada alta de vida eterna.

– Pero también este estar en vela, debe ser traducido a nuestro día a día, y esto es vivir en cada instante de nuestra vida en su Voluntad, en lo que más agrada a Dios. Por lo que es evidente que esto se muestra en las obras concretas de cada día, cada una de ellas tiene que oler a Dios y a eternidad, para que no se contamine del olor de la podredumbre del pecado, y de las obras que sólo buscan para este mundo.

– Hoy tenemos dos comparaciones muy expresivas: el ladrón puede venir en cualquier momento, sin avisar previamente; el amo puede regresar a la hora en que los criados menos se lo esperan. En ambos casos, la vigilancia hará que el ladrón o el amo nos encuentren preparados. Que importante es que nos recomienden la vigilancia en nuestra vida, pero mucho más la Fe Vigilante.

– Estad en vela: buena consigna para la Iglesia, pueblo peregrino, pueblo en marcha, que camina hacia la Venida última de su Señor y Esposo. Buena consigna para unos cristianos despiertos, que saben de dónde vienen y a dónde van, que no se dejan arrastrar sin más por la corriente del tiempo o de los acontecimientos, que no se quedan amodorrados por el camino. Estar en vela no significa vivir con temor, ni con angustia, pero sí en el Amor De Dios y con seriedad y responsabilidad. Todos queremos escuchar las palabras del Señor: «muy bien siervo bueno y fiel entre el gozo de tu Señor».

María Madre tu que supiste estar en vela, llévanos a buscar el Cielo cada día en lo más concreto y sencillo. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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