JUEVES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

EZEQUIEL:

– Dios invita al profeta a hacer un gesto profético delante de todos, salir de la ciudad como emigrante. La intención es que todos entiendan que es inevitable el destierro, son un pueblo rebelde, confían en que Dios les sacará de apuros, pero no se convierten de sus manos caminos. Esta vez Dios les deja a las consecuencias de su pecado y permite que sean desterrados.

– Los cristianos debemos asimilar de tal manera la Palabra e Dios, que la encarnemos en nuestra propia existencia, y de este modo, quienes nos vean puedan reconocer la señal que Dios les está haciendo. Cada uno somos profetas, estamos proclamando con nuestro género de vida al desastre personal y comunitario, y los que conducen a la felicidad.

SALMO:

“No olvidéis las oraciones De Dios.”

Reconoce humildemente los motivos de este desastre nacional, pues tentaron a Dios y se rebelaron, se negaron a guardar los mandamientos del Señor y vivieron según los ídolos, se fiaron de otros y abandonaron al Señor.

MATEO:

– El Señor hoy nos enseña cuanto tenemos que perdonar, san Pedro parecía ya proponer una propuesta generosa para el perdón, pero Jesús va mucho más allá; setenta veces siete, esto es siempre.

– La parábola exagera la deuda perdonada al primer empleado es ingente. Y en cambio la que él no perdona a su compañero, pequeñísima. El contraste sirve para destacar el perdón que Dios concede y la mezquindad de nuestro corazón, porque nos cuesta perdonar una insignificancia.

– Lo propio De Dios es perdonar. Lo mismo han de hacer los seguidores de Jesús, pues el aviso es claro: “lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Este es el amor exigente de JEsús, perdonar siempre incluso a los enemigos, y el vivir el perdón hacia uno mismo debe llevar a perdonar a los demás.

– En el Padre nuestro, Jesús nos enseño a pedir que nos perdone como perdonamos, y debemos reconciliarnos con los demás antes de llevar la ofrenda al altar y lo de saludar también al que no nos saluda. Ser seguidores de Jesús nos obliga a cosa difíciles. Gracias al amor que Dios nos tiene tenemos el sacramento de la reconciliación, nos da el perdón De Dios y nos capacita para perdonar a los demás.

María, Madre de misericordia enséñanos a vivir en la misericordia De Dios. Amén.

Un pobre sacerdote +++

JUEVES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO