JUEVES XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

GÉNESIS:

– Dios pone a prueba a Abrahán con otra prueba, esta parece todavía más dura que todo lo vivido, pues le pide que sacrifique a su hijo Isaac, que lo ofrezca como víctima de holocausto. Abrahán obedece a Dios, prepara todo y se va a ofrecer a su hijo al Señor tal y como se lo había pedido.

– Dentro de esta historia hay un momento muy dramático, cuando el hijo le pregunta al padre dónde está la víctima para el holocausto; y la respuesta del padre es que Dios proveerá, pero se le rasgaría el corazón, pues él sabia que la ofrenda era el hijo. Después Dios provee y hace la obra como el quiere, Dios ve la fe y la obediencia de Abrahan y no le dejar matar a su hijo, Dios es misericordioso para aquellos que acogen sus palabras y le sirven obediente y fielmente. Abrahán no se reserva nada ante Dios, hoy da incluso al hijo de la promesa.

– Abrahán antes estaba dispuesto a renunciar a su buena posición en Ur, ahora está dispuesto a renunciar a su hijo, es la negación del futuro. Dios es consciente de la yerba que le pide su amigo, se trata de tu hijo único, al que tanto amas.

– ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ser fieles a Dios o a seguir a Cristo en su estilo de vida?

SALMO:

“Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos”.

El Señor intercede por nosotros, y nos lleva a vivir siempre en El. En el salmo vemos como Dios es un Dios que nos salva, que sale constantemente fiador por nosotros, y que su amor es el que nos transforma y el que nos sostiene.

MATEO:

– Jesús cura hoy a un paralítico traído por unos amigos. Jesús empieza curando lo más importante y lo más difícil de curar y cambiar, el corazón el alma de este hombre, y le perdona todos los pecados. Y después con la obra De Dios y para ratificar su poder sobre el pecado, cura físicamente al paralítico; también nosotros somos paralíticos del alma, y no podemos caminar en la presencia del Señor, necesitamos que nos sane con el sacramento de la confesión para que podamos vivir en la presencia que nos salva.

– La salvación que Jesús trae es integral, de cuerpo y de espíritu. El signo externo es el símbolo de la curación interior, la liberación del pecado. Como tantas otras veces en sus milagros.

– La fuerza curativa de Jesús nos lleva por medio de la Eucaristía, al comulgar Jesús vence y quita los pecados del mundo. Pero sobre todo en el sacramento de la Reconciliación, que Jesús encomienda a su Iglesia, para perdonar pecados, liberar de ellos, y llevar a vivir en la libertad y sanidad de los hijos De Dios.

María, Madre llévanos a vivir en clave de sanación la Eucaristía y la Reconciliación. amén.

Un pobre sacerdote +++

JUEVES XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO