JUEVES VII TIEMPO ORDINARIO

ECLESIÁSTICO:
– Al leer la lectura de hoy me acuerdo que fácil es pensar que cómo Dios siempre es bueno, pues ya ñame confesaré más tarde, o como ya he pecado y me tengo que confesar, ya no pasa nada porque cometa algún pecadillo más, o cosas por estilo. Esto es una falta de amor y de confianza muy grande al Señor, pues pensamos que el corazón De Dios no se conmueve y no le duele nuestros pecados, y no sólo los primeros, sino todos, a Dios le duele que nuestra vida se vaya al traste por el pecado, y por eso no quiere ni que pequemos, ni que acumulemos pecados.
– Hoy nos invita a no confiar en las riquezas, ni en nuestras fuerzas, porque el Señor te exigirá cuentas. Esto en los cristianos, es la tentación de tener una excesiva confianza, que nos lleva a la indolencia. Fiados en la Misericordia De Dios, podemos dejar para mañana nuestra decisión firme de seguir sus caminos hoy. Sería muy triste y un absurdo, estar regateando con el Señor nuestra fidelidad, abusando de su infinita misericordia y dejando siempre para mañana nuestra conversión y nuestra confesión, y no colaboremos así con la salvación del mundo.

SALMO:
“Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.”
Es la clave del día de hoy, poner nuestra vida y nuestra confianza en manos del Señor, y no seguir los caminos, ni los consejos de los impíos, de los que buscan sus propias complacencias. Que nuestro gozo sea siempre hacer la voluntad del Padre.

MARCOS:
Hoy descubrimos en el evangelio una sería de rasgos de los que siguen a Jesús:
– Cuidar los pequeños detalles: dar un vaso de agua al que la necesita, pero no por hacerlo sino porque vemos a Jesús en el otro, con un corazón amable y agradecido.
– No escandalizar, no poner tropiezos a los demás en el camino, no hacer caer. Esto es cuidar mucho el ejemplo y el testimonio, vivir en la voluntad de Jesús.
– Si la mano o el pie o el ojo nos hacen pecar, saber prescindir de ellos, porque es más importante salvarnos y llegar a la vida que esa mano, pie u ojo. Es saber renunciar a algo que nos gusta, pero que nos separa De Dios, que nos esclaviza y os lleva al pecado. El seguimiento de Cristo exige radicalidad, poner todo en el Señor, dejarlo todo para ganar la vida eterna, para tener un tesoro en el cielo.
– La Sal, que purifica del fuego, que se vuelve sosa y no sirve para nada; la sal de las relaciones con los demás, signo de la gracia De Dios. Debemos ser sal para que todo sepa a Cristo en nuestras relaciones, que creemos un clima de verdadero amor, fraternidad, según los criterios del Señor.

María, Madre llévanos a vivir siempre en las manos de tu Hijo Jesús. Amén

Un pobre sacerdote +++

JUEVES VII TIEMPO ORDINARIO