JUEVES PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

1 SAMUEL:
– Hoy vemos como el pueblo de Israel pierde una batalla en la que aparentemente Dios estaba con ellos, pues habían traído el Arca de la presencia De Dios entre ellos, pero tanto miraron al Arca que no miraron a Dios, y esto les hace perder muchos hombres, e incluso que el Arca se a capturada. Que fácil es poner nuestra confianza en la cosas De Dios y no en Dios.
– El gran problema es que el pueblo de Israel más que servir a Dios, se servían De Dios, les gustaban las ventajas de la presencia del Arca, pero no sus exigencias. Es verdad que si el Señor está con nosotros, entonces somos invencibles, pero no podemos ser invencibles utilizando a Dios, sino sirviéndole y poniéndonos a sus píes

SALMO:
"Redímenos, Señor, por tu misericordia".
Vemos como el salmo es un reflejo de la primera lectura, vemos el silencio De Dios, pero el pueblo en su oración en lugar de usar a Dios, aclama a Dios con un lamento que se convierte en súplica humilde y atrevida al Señor, pidiendo a Dios que despierte y que los salve, que no les esconda su rostro.

MARCOS:
– La lepra era la peor enfermedad del tiempo de Jesús, y ante el leproso Jesús siente lástima y extiende su mano y lo cura. Jesús siente compasión de todas las personas que sufren, y por eso no duda en tocar al leproso, aunque era caer en impureza, para limpiarlo de su enfermedad, es por puro Amor por lo que Jesús cura, ya que se conmueve ante la enfermedad del hombre, mucho más por la enfermedad del pecado, y nos toca en el sacramento de la reconciliación para curarnos.
– Jesús quiere que ante el signo milagroso, profundizaran en su mensaje y llegaran a captar la presencia del Reino De Dios.
– Nuestra actitud ante el Señor de la vida no puede ser otra que la de aquel leproso, con su oración breve y llena de confianza: "Señor, si quieres, puedes curarme". Y oiremos, a través de la mediación De la Iglesia, la palabra eficaz: "quiero, queda limpio", ¿dónde? Cada vez que decimos nuestros pecados en el sacramento de la reconciliación, y el sacerdote en nombre de Cristo y De la Iglesia dice: "yo te absuelvo de tus pecados".

María, ayúdanos a reconocer nuestro pecados y a vivir como un gran regalo la confesión sacramental. Amén.

Un pobre sacerdote +++

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