JUEVES I TIEMPO ORDINARIO

HEBREOS:
– Que importante es tener un corazón que escuche y acoja la voz De Dios, y así no se endurezca pensando en sus criterios y dejándose llevar por el pecado. La tentación del desánimo, el cansancio y la dureza de corazón son muy fuertes cada día. Esto es lo que le pasó al pueblo de Israel, corazón duro, oídos sordos, desvío progresivo hasta perder la fe. Y esto nos puede pasar a nosotros, estar atentos y vigilantes.
– Es difícil ser cristianos en el mundo de hoy; los entusiasmos de primera hora pueden llegar a ser corroídos por el cansancio, la rutina, ser zarandeados por las tentaciones del mundo: mediocridad, pereza, indiferencia, conformismo, desconfianza. Se empieza por la flojera y el abandono y se llega a perder de vista a Dios, oscureciéndose nuestra mente y endureciéndose nuestro corazón.
– Hay que seguir luchando y manteniendo un sana tensión en la vida; una tensión de Amor con el Señor; peto también necesitamos el apoyo fraterno que es una de los elementos más eficaces en nuestra vida de fe.

SALMO:
"Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón"".
Este salmo es una himno procesional que se rezaba en algunas de las fiestas del pueblo de Israel. Lo más importante de este es tener ese corazón que se deja hacer por el Señor, y se hace como súplica-ruego para que no nos dejemos llevar por la

tentación y nos separemos De Dios, pues Él siempre está con nosotros.

MARCOS:
– Jesús siente compasión de todas las personas que sufren. Pero Él quisiera que, ante el signo milagroso, profundizaran en el mensaje y llegaran a aceptar la presencia del Reino De Dios.
– Nuestra actitud ante el Señor no puede ser otra que la de aquel leproso, con su oración breve y llena de confianza: "Señor, si quieres, puedes limpiarme". Y oiremos, a través De la Iglesia, la palabra eficaz: "quiero, queda limpio". Esto se vive en la reconciliación, en la confesión, nosotros decimos nuestro pecados, y escuchamos a Jesús decirnos: "Yo te absuelvo de tus pecados".
– Jesús nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano. Nosotros debemos imitarle, que nos preocupemos de compartir en el amor las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino que conduce a Jesús, que conduce a la salvación.

María, Madre llévanos a escuchar a Jesús y a poner nuestra vida en sus manos, en especial nuestras heridas y pecados para que nos sane. Amén.

Un pobre sacerdote +++

JUEVES I TIEMPO ORDINARIO