EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

ÉXODO:
– Vemos como se desarrolla el rito de la ratificación de la alianza, que empieza por escribir los términos de la Alianza, se prepara un altar, una gran piedra, y doce estelas o piedras más pequeñas, en representación de las doce tribus. Después se encarga a unos jóvenes que maten reses para el holocausto y el sacrifico, y se guarda en unas vasijas la mitad de esa sangre, con la otra mita rocía Moisés el altar, proclama el texto de la Alianza y el pueblo hace su solemne promesa de obediencia a los mandatos del Señor. La otra mitad de la sangre la rocía Moisés sobre el pueblo y pronuncia las palabra que son las que Jesús pronunció sobre la copa de vida, esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros.

SALMO:
“Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.”
El salmo hace eco del rito de alianza que el Señor hace con su pueblo, pues Dios libera a su pueblo, y el pueblo ofrece alabanzas al Señor con oraciones, pero sobre todo con la propia vida.

HEBREOS:
– Jesús es el Mediador de la nueva Alianza, es el Sumo sacerdote que se ha entregado una vez para siempre. Nos ha reconciliado con Dios, no con sangre de animales, sino con la suya propia en la cruz, y nos ha conseguido así la salvación.

MARCOS:
– La última cena la manda prepara Jesús con mucho cuidado y solemnidad. En ella pronuncia sobre el pan y el vino unas palabras que para nosotros los cristianos han sido determinantes, esto es mi cuerpo, esta es mi sangre, y Jesús viene para quedarse, para ser alimento de vida eterna, de salvación para muchos. Vivamos acogiendo a Jesús en la Eucaristía, pues es el amigo que nunca falla y que siempre permanece.

En las lecturas del día de hoy hay dos palabras que se repiten constantemente ALIANZA, Y SANGRE, son dos palabras íntimamente relacionadas entre así. “SANGRE DE LA ALIANZA” es El Centro de las tres lecturas.
En la primera aparece la primera alianza, alianza entre Dios y los hombres, en la que Dios quiere ser para su pueblo su Dios, pero también hace falta la condición del pueblo, que es la obediencia al Señor, “haremos todo lo que manda el Señor y le obedeceremos”, nosotros cumpliremos la voluntad de lSeñor, y Él será nuestro Dios. En esta primera alianza hay sangre, sangre que sella la alianza, es la sangre de esos animales que se han sacrificado sobre el altar, y su sangre es la que sirve como precio, como arras, como señal de ala alianza que se hace entre Dios y los hombres, una sangre que se rocía sobre el pueblo, una sangre que se derrama sobre el altar.

Después aparece la segunda alianza que no pasa, una alianza De Dios con su pueblo, con su Iglesia, una alianza De Dios con nosotros, una alianza por la cual se compromete como Dios, y la Iglesia se compromete con la gracia del Señor. Ganada así con la sangre por Dios, la Iglesia está ya unida a su divino Esposo y tiene es alianza maravillosa que empieza en el tiempo y no acabara en la eternidad. Ahí también hay sangre, sangre que selle la lanzada, sangre que de algún modo caiga sobre nosotros y rocío nuestros corazones.
Esta alianza tiene dos momentos, el Calvario, es lo que nos explica la carta a los Hebreos: Cristo, sacerdote, Víctima y Altar, todo a la vez, derrama su sangre haciendo la nueva alianza De Dios con los hombres.
Pero la alianza que se sella con la sangre del Calvario, se sella en un segundo momento, o se perpetua mejor dicho, en la Sangra del Cenáculo, y entonces ya no va a ser una sangre con la cual se rocíen los fieles que cumplen la alianza, sino va a ser una Sangre que bebamos los fieles que estamos rescatados por Cristo en esta nueva alianza. Es una sangre que sella, es sello de fidelidad de Cristo que nos ha redimido y sello de nuestra fidelidad, porque nos fortalece, nos lleva adelante por las pequeñeces de la vida hasta dar siempre a Dios lo que nos pide, “haremos todo lo que manda el señor”.
Que esta alianza sea eterna para todos, que esa alianza, felizmante empezada en la tierra, no se acabe ni en la eternidad. Que esa Sangre bendita de Cristo selle nuestros pasos en la tierra y selle nuestra vida en la eternidad.

María, Madre ayúdanos a vivir en la Alianza de tu Hijo sellada con su propia sangre. Amén.

Un pobre sacerdote +++

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO