DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO

JEREMÍAS:

  • Un cántico de alegría del profeta, el júbilo no viene por nada material, sino por la acción salvífica De Dios. Y esto no sólo por la salvación que nos llevará al cielo, y que ha abierto las puertas con su muerte en la Cruz. Sino también por la intervención en la vida de los hombres, Dios es salvador, Dios es misericordia, se fija en el desvalido en el más necesitado.
  • Aunque el profeta Jeremías es uno de los profetas que más habla de los tiempos más difíciles del pueblo, por las desgracias que se merece por sus pecados. Pero hoy leemos una página esperanzadora, la vuelta de los israelitas del destierro, el Señor ha salvado a su pueblo, Dios es padre del pueblo Israel.

SALMO:

"El Señor ha estado grande con nosotros ya estamos alegres."

Es un salmo que tiene un color optimista, cuando el Señor cambió la suerte de Sión, el Señor está grande con nosotros, y transforma los desconsuelos, para llevarlos de la tristeza a la alegría.

HEBREOS:

  • Nos muestra la neta superioridad del sacerdocio de Cristo en relación al sacerdocio del la antigua Alianza, la que se concentraba en el Templo de Jerusalén, el autor de la carta describe ante todo las características de estos sacerdotes.
  • Un sacerdote es un hombre que representa a los hombres en el culto a Dios, y ofrece dones y sacrificios en nombre de todos. Hombre como es, envuelto en debilidades él mismo, debe comprender a los extraviados, y además, tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, antes que por los del pueblo.

MARCOS:

– A la salida de Jericó, ya casi a los puertas de Jerusalén, sucede la milagrosa curación del ciego Bartimeo. San Marcos hace de la escena un relato vivo, dinámico, lleno de detalles, el ciego que está en la cuneta del camino, pidiendo limosna; oye la multitud que pasa, se entera que es Jesús y empieza a gritar: "Hijo de David, ten compasión de mí", y a pesar de que le regañan para que se calle, él grita más fuerte. Jesús se detiene, manda que le llamen. Alguien se acerca al ciego y le anima a que se acerque. Él suelta el manto, da un salto y se acerca a Jesús. El diálogo es breve y dinámico: ¿qué quieres que haga por ti?, Maestro, que pueda ver. Jesús le cura devolviéndole la vista y le dice: anda, tu fe te ha curado, unas palabras muy parecidas a las que había dicho a la mujer enferma de hemorragias. Y el ciego lo seguía por el camino. Aquí no hay ninguna orden de que se calle. No hay rastro del secreto mesiánico. Ya es inminente al final.

– Cómo va nuestra vista espiritual, ¿no se podría decir que estamos ciego, porque no acabamos de ver lo que Dios quiere que veamos, o que nos conformamos con caminar pro la vida entre prenombres, cuando tenemos cerca al médico oculista, Jesús, La Luz del mundo? Tendríamos que hace nuestra la oración del ciego "Maestro, que pueda ver".

– Siempre me impresiona que Jesús se detuvo, siempre tenía tiempo para que los que le necesitaban. Nosotros siempre tenemos tiempo para nosotros mismos, pero no tenemos tiempo para los demás, es una de nuestras cegueras, que Jesús nos muestra para que abramos las miras hacia los demás.

– Bartimeo no deja escapar la ocasión, pasaba Jesús, era la ocasión de su vida y ha actuado con prontitud. Jesús pasa todavía. San Agustín decía, temo que pase y que yo no me dé cuenta. Sentirnos Bartimeos, mendigos manifiestos al borde del camino.

La reacción de los presentes era de regañar, pretensión de que la miseria permanezca escondida, que no se exponga, que no estorbe a nuestra vista a nuestros sueños. Hijo de David, su fe, el Mesías prometido, se levanta de repente y a tientas, y va hacia el lugar de donde proviene la voz de Jesús. Arroja el manto, lo deja atrás todo, como quien está seguro que está a punto de comenzar una nueva vida.

Hay dos cegueras la de los ojos y la del corazón, como se dice en el principito no se ve bien más que con el corazón.

María, ayuda nuestro pobre corazón para que vea desde Jesús. Amén.

Un pobre sacerdote +++www

DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO