DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO

SABER SER AGRADECIDOS ANTE DIOS

"No creemos sólo en los milagros del Señor, sino en el Señor de los milagros"

2 REYES:

– Naamán el Sirio obedece a Dios y se cura de la lepra, y se va a buscar a Eliseo para ofrecerle bienes en recompensa, pero impresiona está lección de entrega generosa de Eliseo pues su recompensa no está en las cosas materiales, SU RECOMPENSA ES DIOS MISMO, esa profunda intimidad de amor.

– Debemos por ello tener en cuenta dos actitudes de Naamán para nuestra vida: la obediencia (que aunque le cuesta un poco) a bañarse en el río; pero sobre todo el AGRADECIMIENTO ante Dios que es el único que ha podido curarle desde la sencillez de un baño.

SALMO:

"El Señor revela a las naciones su salvación."

Contemplar las grandes obras del Señor y explotar en alabanza ante tanto grandeza de Dios, ante tanto Amor derramado sobre cada uno de nosotros sus humildes criaturas.

2 TIMOTEO:

– Invitación a hacer memoria del Señor y a nunca olvidar lo que ha hecho por nosotros. Además que nos lleva a con-morir, con-vivir, con-reinar con Él. Es el Dios que siempre permanece fiel en nuestras infidelidades, y que nunca nos va dejar en nuestros pecados. Por eso es algo meritorio que san Pablo alardee de llevar cadenas por Cristo, pues es el único modo por el que puede corresponder a la obra de la Gracia de Dios en él, vivir todo lo que Dios le da en obediencia amoroso y en alegría agradecida por tanta Misericordia derramada.

LUCAS:

+ Diez leprosos "Jesús, maestro, ten compasión de nosotros". Sólo uno vuelve al curarse alabando a Dios a grandes gritos y se postra a los pies de Jesús.

+ De los diez sólo uno vuelve a dar gracias, los demás, llenos de alegría no se acuerdan de quién les ha curado, esto ya es significativo, pues nos pasa habitualmente que todos somos muy rápidos para pedir, pero muy lentos o casi inmóviles para agradecer.

+ Hay un detalle en el Evangelio de hoy que no debe pasarnos desapercibido, el que vuelve no es el miembro del pueblo elegido, sino un extranjero, un samaritano, que era el despreciable que no podía vivir en la ley, pero que sabe vivir en al Amor y en Agradecimiento. Jesús nos enseña de este modo que no por pertenecer al pueblo ya uno se salva, sino que hay que vivir en la Gracia del cielo.

TRES PREGUNTAS INELUDIBLES ¿?

1.- El Amor de Dios es universal: ¿y el mío?

El Corazón de Dios es universal y Él quiere la salvación de todos los hombres. Por lo tanto si sabemos que Dios ama a todos nos sentiremos agradecidos, y aprenderemos también nosotros a tener un corazón más acogedor y universal con los demás.

Al mirar a Jesús en el Evangelio, es ejemplo de atención a todos, de acoger a los cercanos y lejanos, a los conocidos ya los extraños con una verdadera entrega y Misericordia. En Jesús reconocemos ese signo viviente del Amor de Dios que no se cansa de amar, perdonar y salvar.

Nosotros conocemos este Amor de Dios, y lo hemos experimentado en nuestra propia vida, por eso nos tenemos que preguntar ¿cómo es mi corazón? ¿Soy acogedor? ¿Estoy dispuesto ayudar a los cercanos y lejanos, a los que me agradan y a los que me cuestan un poco?

2.- Los otros nueve, ¿dónde están?

Sólo uno, el extranjero, no el del pueblo elegido, es el que vuelve a dar gracias a Jesús por la curación adquirida. Es el que muestra una verdadera calidad humana y es agradecido.

¡Cuánto debemos nosotros más dar gracias y no exigir tanto!

Más nos valiese vivir en una verdadera Alabanza y agradecimiento, y no en esa queja, crítica y juicio que nos matan y nos entristecen.

3.- ¿Somos agradecidos?

La gran pregunta del día ¿SABEMOS SER AGRADECIDOS?, pero no sólo con Dios, sino con todos. ¿Tenemos un corazón agradecido? Ojalá todos descubriésemos que la actitud verdaderamente humana y por lo tanto cristiana es la de una HUMILDE GRATITUD, sabiendo admirar los detalles de Amor, de Ternura, de delicadeza con que Dios nos rodea, y con que mucha gente nos adorna. Pero muchas veces nos dejamos llevar más por los malo, y no vemos lo bueno: "Llama más la atención un árbol que cae que un bosque que crece".

Para dar gracias dos cosas concretas:

+ Eucaristía: verdadera acción de gracias.

+ Magnificat: Proclamar la grandeza de Dios, vida de alabanza, de reconocimiento de su grandeza que se ha enamorado de nuestra pequeñez.

En conclusión:

  • Agradecimiento sincero y real a Dios: en Naamán y en el leproso que vuelve; cuando uno reconoce la obra de Dios en uno, tiene una verdadera necesidad de darle gracias sin parar. Dar gracias a Dios es un salir de nosotros; es un acto de fe en el Señor, es una confianza en su amor porque, al fin, es un reconocimiento de que de nosotros no tenemos nada, que todo lo que tenemos lo hemos recibido de Él, que todo es suyo.
  • Dar gracias a Dios también en lo malo, porque es verdad que eso no viene de su mano, pero es verdad que viene de su providencia, es verdad que viene de su amor, es verdad que es misericordia para con nosotros, es verdad que Él, que podía evitarlo, no lo evita; y cuando no lo evita, consiente que pase para nuestro bien.

María, Madre, enséñanos a tener ese corazón agradecido, enséñanos a que Dios nunca quiere nada malo para nosotros y sobre todo enséñanos a vivir todo en su Misericordia. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO

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