DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

SABIDURÍA:

  • Al leer esta lectura debemos preguntarnos si nosotros también preferimos la prudencia, la sabiduría, las cosas De Dios, por encima de reinos, riquezas, incluso por encima de salud y belleza. Nos cuesta porque ponemos nuestra ilusión en los bienes de este mundo, y no en la riquezas incontables y los bienes sublimes que nos da el Señor.
  • Himno de alabanza a la sabiduría, pidiendo sobre todo a Dios que nos conceda la sensatez para gobernar. Buscar la verdadera sabiduría es lo importante, y no los bienes que son más apetecibles, o que creemos más necesarios. La sabiduría según Dios es algo más profundo, no se trata de tener más o menos cultura, más o menos erudición; es saber las cosas desde los ojos De Dios.

SALMO:

“Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres.”

El salmo nos lleva a saber vivir las cosas en el Señor y a buscar la verdadera vida en sus manos, en su corazón, en sus criterios, en su misericordia.

El salmista aprecia la sensatez como don De Dios, si caminamos con la sabiduría De Dios todo nos irá bien.

HEBREOS:

  • Que importante es acoger la Palabra De Dios, que es viva y eficaz y entra hasta lo más profundo del alma. Si la dejamos actuar Dios va haciendo su obra en nosotros nos saca de las oscuridades y nos lleva a vivir en su presencia.
  • Es expresiva la comparación que hace la carta, la Palabra De Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, que llega hasta el fondo, lo ve todo y nos conoce hasta el fondo.
  • En la Eucaristía cuando nos alimentamos del altar de la Palabra, debemos dejar que esta Palabra penetre, fecunde, anime, juzgue, estimula. Dejar que sea eficaz en nuestra vida, y que haga su obra en nosotros. La Palabra es un espejo en el que vemos cómo va nuestra vida en relación con Dios. Dejar que nos interpele, que sea luz, alimento, semilla que se siembra en nuestra vida y va creciendo.

MARCOS:

  • Lo primero que nos encontramos hoy en el Evangelio es al joven que le pregunta a Jesús sobre al vida eterna, ante la cuál Él responde que hay que cumplir los mandamientos, y Jesús detalla los referentes a la relación con los demás, a lo que el joven responde que ya los ha cumplido todo. Jesús le mira con una mirada de verdadero amor y le pone entre la espada y la pared: vender todo lo que tiene, dar el dinero a los pobres y seguirle. Pero el joven se va triste.
  • Lo difícil para el joven es vivir la entrega total, ante el llamamiento de Cristo, pues cuesta poner sólo nuestra confianza en Él. El tema está en que Jesús no pide cosas, sino la entrega total de uno mismo. Jesús no quiere mis cosas, me quiere a mí. Nosotros todos estamos llamados a cumplir los mandamiento, y también invitados a una entrega más total a Cristo, sin anteponer nada a su amor, cada cual viviendo su vocación en la IGlesia, pero en santidad y no en mediocridad. Seguir a Cristo sin cálculos, ni reticencias, renunciando a tanto apegos como tenemos, dejar las cosas de las que estamos llenos y llenarnos De Dios.
  • Jesús ante esta situación hace una reflexión sobre los ricos, pues les es difícil entrar en el reino De Dios a los que ponen su confianza en las riquezas, en el dinero. Incluso pone el ejemplo de la aguja y el camello. Y es verdad debemos poner toda nuestra confianza sólo en el Señor que es nuestra fuerza y escudo.
  • Jesús no tiene nada contra los ricos,sino que advierte sobre el poner nuestra confianza en ello, y dedicarnos solo a ello. El Camello y la aguja nos muestra que es imposible que uno que se apegue a los bienes de este mundo pueda tener todavía sitio para los bienes del Reino De Dios.
  • Y la lectura acaba con la pregunta De San Pedro sobre lo que les toca a los que han abandonado todo para seguirle. A lo que Jesús asegura que recibirán el ciento por uno ya en este mundo, y luego la vida eterna.
  • Jesús también nos avisa que el ciento por uno es con persecuciones. Nos promete la alegría del sacrifico, la cruz que está incluida en la vida del Mesías, y que es propia también para sus discípulos. El amor mucha veces supone sacrifico, pero merece la pena y la vida.

María Madre, llévanos a una entrega total y generosa a tu Hijo sin guardarnos nada. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XXVIII TIEMPO ORDINARIO