DOMINO XXVII TIEMPO ORDINARIO

ISAÍAS:
– El profeta reproduce un hermoso poema, un canto de amor a la viña. Además el dueño muestra su claro amor a la viña cuidándola de un modo especial esperando que de buena cosecha. Pero la viña defrauda totalmente a su amo que aunque la mima tanto, no da uvas, sino agrazones. No sólo no es que no de fruto, sino que el fruto que da es amargo, es desagradable.
– Esta comparación se aplica al pueblo de Israel, y en especial a Jerusalén, Dios ha derrochado su generosidad, su ternura y su amor a su pueblo escogido. Pero el pueblo de Israel no correspondió al amor De Dios y no le dio los frutos esperados, Dios malos frutos. Esto le va a llevar a que la viña quedará abandonado, sin cuidar, con acceso a ella de toda clase de alimañas.
– Ya deberíamos preguntarnos nosotros, qué tipo de fruto damos, y si verdaderamente correspondemos al Amor De Dios o no.

SALMO:
“La viña del Señor es la casa de Israel.”
El Salmo es una continuación de la primera lectura, recogiendo la idea fundamental del profeta Isaías. Reconoce el pecado del pueblo y lo merecido que tiene el castigo. Pero a la vez dirige a Dios una humilde oración de súplica, pues quiere que la viña sea restaurada y no se quieren alejar del rostro del Señor.

FILIPENSES:
– Son una serie de recomendaciones de San Pablo, que hace a los cristianos, y que deben caracterizar su vida y asegurarles La Paz. Por muchas dificultades y problemas que puedan tener, no deben nunca perder La Paz. El medio para conseguir esta armonía es tener una profunda fe en Dios, en dialogo de oración, y presentar peticiones a Dios que quiere custodiar nuestros corazones.
– Además, nos invita a tener un cuidado con acoger al prójimo, y tener un corazón abierto a todo lo bueno, puesto todo lo noble, justo, puro, amable, laudable, virtuoso, hay que tenerlo en cuenta. Hay que vivir con un corazón que busca vivir en plenitud.

MATEO:
– Jesús nos enseña que la viña es toda lama cristiana que es De Dios, es suya; y en toda alma cristiana, en todos nosotros, Dios, como buen viñador, ha hecho que se en todas las condiciones para que nuestra alma produzca frutos delante del Señor. Él la ha cultivado y la ha cultivado con esmero y la cultiva todos los días.
– El Señor cultiva con la gracia, que toca nuestros corazones, esa gracia capaz de hacer que produzcan buenos frutos nuestras almas. El futuro no es nuestro, es suyo; es suyo no sólo porque le pertenece la viña, porque le pertenece nuestra alma; es suyo porque sin su acción cultivadora, nuestra alma no puede dar fruto de virtud.
– Nuestra vida espiritual es una comunión entre lo que hace Dios con nosotros y en nosotros; hace falta nuestra colaboración, una colaboración nuestra que Él previe con su gracia, la colaboración que Él sostiene con su gracia. Dios no quiere destruir, lo que quiere es que nuestra alma produzca frutos cada día mayores, que produzca frutos no para Él; El no se beneficia de nuestra buenas obras, sino para nosotros, para nuestro bien, para que nuestra vida sea lo que tiene que ser y para que nuestra alma produzca los frutos de santidad en la tierra que tengan premio para siempre en el cielo.

María, Madre, que demos frutos de buenas obras, de santidad. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XXVII TIEMPO ORDINARIO