DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO

AMÓS:
– El profeta sigue clamando contra los ricos que no entienden lo que es la justicia y la entrega al prójimo, se fían del Tempo, pero luego actúan sin coherencia con la fe que profesan. Esta es también una llamada para nosotros, pues el Señor nos invita a ser coherentes con nuestra vida de fe, y vivir según Dios hasta en lo más pequeño de cada día.
– El lujo de las clases dirigentes está descrito con detalles muy interesantes y concretos: lechos de marfil, comidas de carnes suculentas, vinos generosos, instrumentos musicales, perfumes…., esto es lo que llama el profeta la «orgía de los disolutos», y les echa en cara el descuido de los pobres, pues ni siquiera se dan cuenta de las dificultades que están pasando hombres y mujeres de su tiempo. Esto también nos pasa a nosotros, que estamos demasiado ocupados en nuestra comodidad y conformismo, y no en el prójimo que en la puerta de al lado pasa necesidad.

SALMO:
«Alaba, alma mía, al Señor»
Damos gracias a Dios, porque siendo el Rico, se acerca al pobre y lo sostiene y lo levanta, por eso podemos alabarle, porque es un Dios con nosotros en lo concreto y necesitado de nuestra vida.

1 TIMOTEO:
– Una invitación preciosa del Señor por medio de San Pablo a conquistar la vida eterna. Lo primero a tener en cuenta es que a esta vida es a la que nos llama el Señor, y es su deseo que lleguemos a ella, pero para poder llegar es necesario combatir el buen combate de la fe, la vida cristiana es una combate para dejar al hombre viejo, y revestirnos del hombre nuevo que es Cristo. Para poder vivirlo nos invita a lo concreto San Pablo: practicar la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza.
Como podemos ver San Pablo va de lo más grande la santidad, pero que pasa por lo más pequeño la delicadeza, el cuidado de lo más sencillo, pues todo hay que vivirlo según Dios.
– Hay que vivir toda la vida cristiana con la mirada puesta en la venida de Nuestro Señor Jesucristo al final de los tiempos, y no con la mirada puesta en este mundo y las cosas de este mundo. Aquí le tenemos que pedir al Señor su mirada, y sus criterios para salir de todo lo que de este mundo nos esclaviza y no nos deja caminar hacia Él.

LUCAS:
– Nos muestra el Evangelio de hoy la mentalidad de Cristo sobre las riquezas, y es muy plástica la parábola del rico Epulón que banquetes y se da fiestas, y ni se da cuenta del pobre Lázaro a la puerta de su casa y que es prototipo de toda miseria humana. Y como de repente todo cambia radicalmente, pues el destino final de cada uno pone las cosas en su sitio, y Jesús inventa un diálogo muy interesante entre el rico condena y Abrahán, junto al que está ya gozando Lázaro.

– Tenemos que preguntarnos nosotros hoy, qué uso tenemos que hacer de las riquezas. Es muy fácil dejarnos deshumanizar por la riquezas. Ser cristiano afecta, no sólo a la oración, sino también a nuestra actuación con el dinero, y con la justicia social.
Es muy fácil estar muy llenos de nuestras riquezas, de nuestros bienes materiales, de nosotros mismos, y olvidarnos De Dios y del prójimo. Ojo que Jesús llama necias a las personas que han puesto su confianza en los bienes materiales, ya que no sevirán como pasaporte a la vida verdadera.
¿Estamos cerrados en nuestro egoísmo, olvidando a los demás, sobre todo a los pobres, que nos resultan incómodos? Debemos compartir la fe, los bienes, todo… Mucho cuidado con el individualismo actor y la cultura de la comodidad y del bienestar.
Ojo que en la parábola no es que el rico haya hecho algún mal a Lázaro. Lo que pasa es que no se ha querido enterar de que existía, y ha seguido haciendo un uso totalmente egoísta de sus bienes.
Hoy haya una llamada a saber usar los bienes de este mundo, a compartir con los demás lo que tenemos. Todos tenemos algo que compartir. Siempre tenemos al lado personas que tienen menos que nosotros, en mucho ámbitos, en el económico, en el afectivo, en el cultural, en el religioso.
Seremos juzgados por lo que hemos hecho, pero también por lo que hemos dejado de hacer, es a tener en cuenta el pecado de misión, el bien que hemos dejado de hacer y debíamos haber llevado a cabo.

María enséñanos a encontrarnos con los más necesitados, y descubrir a Jesús en ellos. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO