DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO

ISAÍAS:
– De los cuatro cánticos del Siervo de Yahvé que nos ofrece Isaías, leemos hoy el tercero, el que subraya expresivamente las contradicciones que el Siervo tendrá que sufrir en el ejercicio de su misión, me apaleaban, mesaban mi barba, ultrajes y salivazos.
– Es admirable la serenidad que le infunde al Siervo, ante ese panorama la confianza que tiene en Dios, sabiendo que no quedaría defraudado. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. El Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

SALMO:
“Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida.”
También el salmista sabe lo que son las situaciones difíciles, me envolvían redes de muerte, caía en tristeza y en angustia. Pero también a él le salva la confianza en Dios, el Señor escucha mi voz suplicante… arrancó mi alma de la muerte.. estando yo sin fuerzas, me salvó. Está seguro que caminará en presencia del Señor en el país de la vida.

SANTIAGO:
Santiago sigue planteando temas muy concretos en su carta. Esta vez es la relación entre la fe y las obras.
¿Cómo puede salvar una fe sin obras?, la fe sin obras, por sí solo está muerto. Pone una comparación expresiva, el que a un pobre que está medio desnudo y hambriento, le consuela sólo con palabras, pero no hace nada para ayudarle, de qué le sirve, de nada.

MARCOS:
– El trozo del Evangelio de hoy es como El Centro de todo el Evangelio de San Marcos. Jesús hace como un sondeo o encuesta sobre lo que dice la gente de Él. En seguida su pregunta interpela a los doce, y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
– La respuesta De San Pedro es espontánea y decidida, más breve que en Mateo, Tu eres el Mesías, Mesías es un término hebreo que en griego se traduce por Cristo y en castellano Ungido. Sigue el mandato del secreto mesiánico, porque la gente todavía no está preparada para entender su identidad profunda.
– En seguida se ve que san PEdro no ha respondido con fe madura, porque, cuando Jesús le anuncia por primera vez con toda claridad su pasión, muerte y resurrección, san Pedro reacciona increpando a Jesús porque eso no cabe en la concepción que él tiene del Mesías. Y recibe una respuesta muy dura. Jesús, a su vez increpa a Pedro y le llama incluso Santanás, porque no piensa como Dios, sino como los hombres (cuántas veces a nosotros nos podría llamar Jesús Satanás, por obrar y pensar como los hombres y no como Dios).
– Jesús además, extiende a todos sus discípulos el estilo con que hay que enteneder él mesianismo, el que quiera serguirme, cargue con su cruz y me siga.

María, Madre que dejemos que tu Hijo nos muestre su rostro para conocerle, obremos siempre con miras divinas y no humanas, y no temamos ir a la cruz. Amén.

Un pobre sacerdote. +++

DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO