DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO

ECLESIÁSTICO:
– Es una clara invitación a la humildad, pues en todos los asuntos nos invita a proceder con humildad. Es mejor vivir en humildad pues sólo así alcanzaremos el favor De Dios, pues Dios revela sus secretos a los humildes.
– Que mensaje tan distinto a lo que nos enseña el mundo es el de la humildad, pues el mundo vie más de la altivez y del orgullo, pero bien sabemos que esto no lleva a ninguna parte, pero el humilde es el que experimenta el amor y la salvación desde su pequeñez y se deja hacer grande.
– El tema de la humildad, lo une a que tengamos un corazón prudencia, y tener un oído atento al sabio; es saber poner el corazón en lo que vale de verdad, y a la vez tener esa justa moderación al vivir y hacer cualquier cosa.

SALMO:
«Tu bondad, oh, Dios, preparó una casa para los pobres.»
– Dios siempre tiene una preferencia clara por los pobres y los humildes, este es el camino para vivir con Él y para Él. Pero no debemos olvidar que es Dios quien prepara la casa, es Él quien hace la obra, y que es para los pobres y no los ricos y soberbios. Con el salmo le pedimos al Señor que acojamos su salvación y le dejemos hacer su obra en nosotros, pues de Él dependemos.

HEBREOS:
– Es una comparación con el acontecimiento del Sinaí, el encuentro del pueblo con Yahvé, que fue espectacular, con fuego encendido, densos nubarrones, tormenta y una voz que asustaba. Mientras que ahora la Nueva Alianza, sellada por la mediación de Cristo Jesús, se describe como mucho más amable: la Jerusalén del cielo, más cercana, con la asamblea innumerable de ángeles y bienaventurados que está rindiendo culto lleno de alegría y entusiasmo a Dios, juez de todos, y a Jesús, el mediador de la nueva Alianza.

LUCAS:
– Dos enseñanzas claras nos da Jesús en el Evangelio del día de hoy:
· Sobre la HUMILDAD: no elegir los primeros sitios, sino sentarse en el último.
· Sobre la GENEROSIDAD DESINTERESADA, invitar no a quien te pueda corresponder, sino a quien no puede pagarte.

– Hoy una clara llamada a la HUMILDAD en la palabra De Dios. Es importante que cuidemos nuestra manera de actuar y ser humildes, pues:
· Al humilde lo quiere Dios: Dios siente predilección por los débiles y los últimos, por los pequeños, y así debemos vivir para estar en la voluntad De Dios, ser humildes y dejarnos amar por Él.
· Al humilde lo quieren todos, pues al orgullo y engreído, se le desprecia o se le tiene envidia. Lo importante es ser modesto y discreto, pues la grandeza de las personas está en el interior, y su trato con los demás es sencillo y cuidadoso.
· Ser humilde nos hace bien sobre nosotros mismos, nos lleva a una modestia en la autoestima, y de este modo conocernos y aceptarnos mejor a nosotros mismos. El que es humilde se ahorra muchos disgustos y goza de la verdadera paz con su pequeñez.

– Jesús nos muestra este camino de la humildad, porque a todos nos gustan los primeros puestos, tenemos la tentación de aparecer, de aparentar, de buscar protagonismo de ser más y tener más que los demás, y todo para no ser menos. No debemos buscar ni el prestigio ni las alabanzas humanas. Para ello Jesús nos enseña una actitud humana y cristiana que a es básica: MODESTIA Y HUMILDAD DE CORAZÓN, DELANTE DE DIOS Y DE LOS DEMÁS. Y el mejor ejemplo de cómo vivir esto es el mismo Jesús, que siendo rico se hizo pobres, y siendo el sin pecado, cargo con el pecado del mundo, pasando por uno de tantos, para salvarnos y hacernos grandes, enriqueciéndonos con su pobreza.

– Jesús también nos invita en el Evangelio a dar generosamente sin esperar recompensa. Esto es difícil porque nosotros vivimos en el te doy para que luego tú me des, te hago un favor para que me lo devuelvas. Jesús nos invita a dar gratis como Él da gratis. Debemos cuidar este gesto de dar gratuitamente, que nuestra vida sea un preocuparnos y ocuparnos en los demás, en especial aquellos que tienen alguna dificultad y sabemos que no van a poder corresponder, sin esperar nada a cambio. Y esto más que ir invitando a comer a los pobres a nuestra casa, es vivir de un modo distinto con un corazón desprendido de lo material, sobre todo de nosotros mismos, y salir de nosotros y acercarnos al prójimo más necesitado, para levantarle al salir de nosotros y llevándoles a Jesús. Debemos mirar siempre más el bien del hermano que la recompensa propia, esta es la clave.

María Madre, llévanos por el camino de la verdadera humildad y modestia, y que tengamos un corazón prudente y generoso, que demos gratis, buscando siempre al necesitado por encima de nuestros propios intereses. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO