DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

ÉXODO:

· Que pronto han olvidado los israelitas la poderosa intervención de Dios que les liberó de la esclavitud de Egipto. Ahora experimentan la dureza del desierto y la incertidumbre del destino, y se desaniman. Se revean contra Moisés y añoran la olla de carne de Egipto. El peor obstáculo que tuvo la liberación del pueblo elegido no fue el Faraón o los enemigos que encontraban en el camino, era el mismo pueblo.

· A pesar de todo, Dios sale en su ayuda. Dos fenómenos naturales, no extraños en aquel desierto, pero ciertamente providenciales y oportunos, le sirven para proveer a Israel de comida. Ante todo, el maná, y la bandada de codornices, atraída en la justa dirección por el viento favorable, que les provee de carne abundante, al caer exhaustas y dejarse coger fácilmente.

SALMO:

“El Señor les dio pan del cielo”.

· Es continuación de la primera lectura, y apertura al Evangelio, pues el Señor se definirá como el Pan vivo que ha bajado del cielo. Por lo que es un nexo oracional perfecto para el día de hoy

EFESIOS:

· Vemos como san Pablo muestra el Bautismo nos hace tener un estilo de vida diferente del de los paganos. Los cristianos abandonan el anterior modo de vivir, renovados como están en su mentalidad. Según la comparación que se repite varias veces en sus cartas, el cristiano ya no vie conforme al hombre viejo, sino que se viste de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios, justicia y santidad verdaderas.

JUAN:

· Ente la multiplicación de los panes, que leíamos el domingo pasado, y el discurso del Pan de Vida, que empieza hoy, cuenta san Juan un episodio un tanto misterioso, ¿cómo ha pasado Jesús a la otra orilla?

· Jesús no contesta a la pregunta de la gente. Le interesa sacar pronto las consecuencias de la multiplicación de los panes, conduciéndoles a la comprensión del pan verdadero. Distingue el alimento que perece que es el que va buscando la gente y el amiento que perdura para la vida eterna, que es el que quiere darle Jesús. El verdadero pan no fue el maná que les dio Moisés, sino el que les está dando ahora mismo Dios enviando a su Hijo, yo soy el pan de vida, el que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí no pasará sed.

· Antes del discurso ha precedido el milagro de la multiplicación de las panes, y ahora no pide más que la fe. Y por eso, este gran sermón de la Eucaristía tiene dos partes. En la primera parte, comer al Señor, ser el Señor nuestro pan, es creer en Él. Sólo en la segunda parte es cuando habla de comerle y beberle comiendo y bebiendo su Cuerpo y su Sangre, es decir, la Eucaristía. Como para decirnos que la Eucaristía es un gran milagro, un gran prodigio, el mayor de todo, pero a Él no se va más que por la fe.

· SE trata de que nosotros creamos, se trata de afirmar siempre a Dios, su poder, su omnipotencia y también su amor para con nosotros, se trata de creer en Él y de esa manera dejarnos llevar de Él a donde diga y como diga.

· Para Dios y ante Dios en nosotros lo primero y fundamental es creerle. Creerle siempre, creer lo que dice, creer lo que nos dice. Creer en las circunstancias que no pone, sabiendo que es lo que nos conviene a nosotros. Creer, que es también confiar en su domino, confiar en sus disposiciones, confiar en su providencia para con nosotros. Creer y esperar y confiar, será siempre toda nuestra vida, para desembocar, de verdad, en el amor.

María, Madre llévanos siempre a creer en Jesús, y que sea el Pan de nuestra vida, que nos sostiene y nos da vida. Amén.

Un pobre sacerdote +++

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO